La fermentación en el intestino afecta la producción de neurotransmisores

La ciencia de la microbiota intestinal ha revelado en las últimas décadas su enorme impacto en la salud general. Uno de los descubrimientos más fascinantes es la relación directa entre la fermentación intestinal y la producción de neurotransmisores. Este proceso, que ocurre constantemente en nuestro sistema digestivo, no solo influye en la digestión y absorción de nutrientes, sino también en el estado de ánimo, la cognición y el bienestar emocional. En este artículo exploramos cómo la fermentación intestinal afecta la producción de neurotransmisores y su relevancia para la salud mental y física.


¿Qué es la fermentación intestinal?

La fermentación intestinal es un proceso mediante el cual las bacterias del intestino, especialmente las presentes en el colon, descomponen fibras dietéticas y otros compuestos no digeribles. Este proceso produce gases y metabolitos, principalmente ácidos grasos de cadena corta como el butirato, propionato y acetato, fundamentales para la salud intestinal y sistémica.


Microbiota y neurotransmisores: un vínculo directo

El intestino es conocido como el “segundo cerebro” por su vasta red neuronal y la capacidad de su microbiota para producir neurotransmisores o modular su síntesis. Algunos de los más importantes son:

  • Serotonina: alrededor del 90 % de la serotonina corporal se produce en el intestino. Aunque no toda cruza la barrera hematoencefálica, su producción intestinal regula funciones como el tránsito digestivo, la motilidad y la sensibilidad visceral, además de enviar señales al sistema nervioso central que impactan en el estado de ánimo.
  • Dopamina: algunas cepas bacterianas pueden producir precursores de dopamina, influyendo en la motivación, la recompensa y la regulación emocional.
  • GABA (ácido gamma-aminobutírico): neurotransmisor inhibidor que promueve la relajación y disminuye la ansiedad. Ciertas bacterias como Lactobacillus y Bifidobacterium pueden sintetizar GABA a partir de la fermentación.
  • Acetilcolina: implicada en la memoria, la concentración y la contracción muscular. Algunas especies bacterianas pueden producirla o modular su síntesis.

La fermentación y los metabolitos que modulan el cerebro

Durante la fermentación intestinal se producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que tienen un papel fundamental:

  • Butirato: protege la barrera intestinal, reduce la inflamación sistémica y puede atravesar la barrera hematoencefálica, actuando como neuroprotector y modulador epigenético.
  • Propionato y acetato: influyen en el metabolismo energético y en la comunicación entre el intestino y el cerebro.

Estos metabolitos, además de alimentar a los colonocitos (células del colon) y mejorar la integridad intestinal, modulan la expresión de genes relacionados con la producción de neurotransmisores y reducen la neuroinflamación.


Disbiosis intestinal y desequilibrio de neurotransmisores

Cuando la fermentación intestinal se ve afectada por una disbiosis (desequilibrio de la microbiota), las consecuencias pueden ser:

  • Menor producción de AGCC y neurotransmisores beneficiosos.
  • Aumento de compuestos inflamatorios y endotoxinas, como el lipopolisacárido (LPS), que atraviesan la barrera intestinal y generan neuroinflamación.
  • Alteraciones en el eje intestino-cerebro, generando ansiedad, depresión, niebla mental y cambios en el apetito y la saciedad.

Cómo favorecer una fermentación intestinal saludable

Para potenciar la producción equilibrada de neurotransmisores a través de la fermentación intestinal se recomienda:

  • Consumir fibra prebiótica: presente en avena, plátano, espárragos, alcachofas y legumbres, alimenta a las bacterias beneficiosas y aumenta la producción de AGCC.
  • Incluir alimentos fermentados: como yogur natural, kéfir, chucrut, kimchi y miso, que aportan bacterias vivas beneficiosas.
  • Mantener una alimentación variada y rica en plantas: la diversidad de la dieta se traduce en diversidad de la microbiota, lo que mejora su capacidad fermentativa y funcional.
  • Reducir ultraprocesados, azúcares refinados y alcohol: ya que alteran el equilibrio bacteriano y favorecen especies productoras de toxinas o gas en exceso.
  • Gestionar el estrés: el estrés crónico afecta negativamente la microbiota y su capacidad de fermentar adecuadamente.
  • Dormir bien: el sueño regula la microbiota y viceversa, influyendo en la síntesis de neurotransmisores.

Conclusión

La fermentación intestinal es mucho más que un proceso digestivo: es un factor clave en la producción y regulación de neurotransmisores que determinan nuestro estado de ánimo, cognición y salud mental. Cuidar la microbiota mediante una alimentación rica en fibra, alimentos fermentados y hábitos saludables es fundamental para mantener un equilibrio neuroquímico adecuado y potenciar el bienestar integral.

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