Enfermedades reumatológicas y nutrición: una mirada integral a la salud articular

Las enfermedades reumatológicas engloban un conjunto de patologías que afectan al aparato locomotor, en especial a las articulaciones, huesos, músculos y tejidos blandos. Entre las más conocidas se encuentran la artritis reumatoide, la artrosis, el lupus eritematoso sistémico, la espondilitis anquilosante y la gota. Todas ellas se caracterizan por un componente inflamatorio que, en mayor o menor medida, compromete la movilidad y la calidad de vida.

En este contexto, la nutrición juega un papel cada vez más reconocido como herramienta complementaria en la prevención, control de síntomas y mejora del bienestar general.

Relación entre nutrición y enfermedades reumatológicas

La alimentación puede modular procesos clave como la inflamación sistémica, el equilibrio del microbioma intestinal, la densidad ósea y la masa muscular. Estos factores influyen directamente en la evolución de enfermedades reumatológicas, potenciando o atenuando la intensidad de los brotes.

Ejes principales de la relación:

  1. Inflamación crónica: algunos alimentos favorecen respuestas proinflamatorias, mientras que otros tienen un efecto antiinflamatorio.
  2. Estrés oxidativo: la acumulación de radicales libres agrava el daño articular, y ciertos nutrientes antioxidantes ayudan a neutralizarlos.
  3. Peso corporal: el exceso de peso incrementa la carga sobre las articulaciones y empeora síntomas, especialmente en artrosis.
  4. Microbiota intestinal: se ha observado que la disbiosis intestinal puede favorecer la inflamación sistémica, influyendo en la progresión de enfermedades como la artritis reumatoide.

Nutrientes y patrones dietéticos de interés

Ácidos grasos omega-3

Presentes en pescados azules (salmón, sardina, caballa) y semillas de lino o chía. Reducen la producción de citocinas proinflamatorias y pueden mejorar la rigidez matinal en artritis reumatoide.

Antioxidantes y polifenoles

Las frutas rojas, el té verde, el aceite de oliva virgen extra y las verduras de hoja verde aportan compuestos bioactivos que reducen el daño oxidativo en tejidos articulares.

Vitamina D y calcio

Indispensables para mantener la salud ósea y prevenir la osteoporosis, frecuente en pacientes reumatológicos. Se encuentran en lácteos, pescados grasos y exposición solar controlada.

Dieta mediterránea

Se ha consolidado como uno de los patrones más beneficiosos. Rica en frutas, verduras, cereales integrales, aceite de oliva, legumbres y pescado, contribuye a reducir la inflamación sistémica y mejora la salud general.

Control de purinas en la gota

En el caso de la hiperuricemia y la gota, es esencial limitar alimentos ricos en purinas como vísceras, mariscos y alcohol, para reducir los niveles de ácido úrico.

Alimentos a moderar o evitar

  • Azúcares refinados: aumentan la inflamación y el riesgo de obesidad.
  • Carnes procesadas: ricas en grasas saturadas y compuestos proinflamatorios.
  • Alcohol: su consumo excesivo se asocia a crisis de gota y empeoramiento de síntomas articulares.
  • Grasas trans: presentes en ultraprocesados y productos de bollería.

Enfoque práctico

Además de la elección de alimentos, es fundamental mantener un peso adecuado, realizar actividad física adaptada y evitar hábitos nocivos como el tabaco. Un plan nutricional individualizado, diseñado por un especialista en nutrición y en coordinación con el reumatólogo, puede marcar la diferencia en el manejo de estas patologías.

Conclusión

La nutrición no sustituye a los tratamientos médicos, pero constituye un pilar complementario de gran relevancia. Adoptar una alimentación equilibrada, con énfasis en patrones antiinflamatorios como la dieta mediterránea, ayuda a controlar síntomas, mejorar la movilidad y favorecer una mejor calidad de vida en personas con enfermedades reumatológicas.

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