Las enfermedades reumatológicas engloban un conjunto de patologías que afectan al aparato locomotor, en especial a las articulaciones, huesos, músculos y tejidos blandos. Entre las más conocidas se encuentran la artritis reumatoide, la artrosis, el lupus eritematoso sistémico, la espondilitis anquilosante y la gota. Todas ellas se caracterizan por un componente inflamatorio que, en mayor o menor medida, compromete la movilidad y la calidad de vida.
En este contexto, la nutrición juega un papel cada vez más reconocido como herramienta complementaria en la prevención, control de síntomas y mejora del bienestar general.
Relación entre nutrición y enfermedades reumatológicas
La alimentación puede modular procesos clave como la inflamación sistémica, el equilibrio del microbioma intestinal, la densidad ósea y la masa muscular. Estos factores influyen directamente en la evolución de enfermedades reumatológicas, potenciando o atenuando la intensidad de los brotes.
Ejes principales de la relación:
- Inflamación crónica: algunos alimentos favorecen respuestas proinflamatorias, mientras que otros tienen un efecto antiinflamatorio.
- Estrés oxidativo: la acumulación de radicales libres agrava el daño articular, y ciertos nutrientes antioxidantes ayudan a neutralizarlos.
- Peso corporal: el exceso de peso incrementa la carga sobre las articulaciones y empeora síntomas, especialmente en artrosis.
- Microbiota intestinal: se ha observado que la disbiosis intestinal puede favorecer la inflamación sistémica, influyendo en la progresión de enfermedades como la artritis reumatoide.
Nutrientes y patrones dietéticos de interés
Ácidos grasos omega-3
Presentes en pescados azules (salmón, sardina, caballa) y semillas de lino o chía. Reducen la producción de citocinas proinflamatorias y pueden mejorar la rigidez matinal en artritis reumatoide.
Antioxidantes y polifenoles
Las frutas rojas, el té verde, el aceite de oliva virgen extra y las verduras de hoja verde aportan compuestos bioactivos que reducen el daño oxidativo en tejidos articulares.
Vitamina D y calcio
Indispensables para mantener la salud ósea y prevenir la osteoporosis, frecuente en pacientes reumatológicos. Se encuentran en lácteos, pescados grasos y exposición solar controlada.
Dieta mediterránea
Se ha consolidado como uno de los patrones más beneficiosos. Rica en frutas, verduras, cereales integrales, aceite de oliva, legumbres y pescado, contribuye a reducir la inflamación sistémica y mejora la salud general.
Control de purinas en la gota
En el caso de la hiperuricemia y la gota, es esencial limitar alimentos ricos en purinas como vísceras, mariscos y alcohol, para reducir los niveles de ácido úrico.
Alimentos a moderar o evitar
- Azúcares refinados: aumentan la inflamación y el riesgo de obesidad.
- Carnes procesadas: ricas en grasas saturadas y compuestos proinflamatorios.
- Alcohol: su consumo excesivo se asocia a crisis de gota y empeoramiento de síntomas articulares.
- Grasas trans: presentes en ultraprocesados y productos de bollería.
Enfoque práctico
Además de la elección de alimentos, es fundamental mantener un peso adecuado, realizar actividad física adaptada y evitar hábitos nocivos como el tabaco. Un plan nutricional individualizado, diseñado por un especialista en nutrición y en coordinación con el reumatólogo, puede marcar la diferencia en el manejo de estas patologías.
Conclusión
La nutrición no sustituye a los tratamientos médicos, pero constituye un pilar complementario de gran relevancia. Adoptar una alimentación equilibrada, con énfasis en patrones antiinflamatorios como la dieta mediterránea, ayuda a controlar síntomas, mejorar la movilidad y favorecer una mejor calidad de vida en personas con enfermedades reumatológicas.
