Cuando una madre decide no iniciar o no continuar la lactancia materna, una de las dudas más frecuentes es si resulta necesario utilizar medicación para cortar la producción de leche. Durante años, la supresión farmacológica fue una práctica habitual, pero la evidencia científica y las recomendaciones clínicas han cambiado de forma significativa.
Este artículo revisa cuándo es necesario inhibir la lactancia con fármacos y cuándo es preferible permitir una involución fisiológica natural.
Fisiología básica de la producción de leche
La lactancia materna está regulada principalmente por la prolactina y la oxitocina. Tras el parto, la caída brusca de progesterona estimula la secreción de prolactina y se inicia la producción de leche.
La clave del mantenimiento de la lactancia es la estimulación del pezón y el vaciado mamario. Cuando esta estimulación no se produce, los niveles de prolactina descienden progresivamente y la producción láctea se reduce de forma espontánea.
Este mecanismo explica por qué, en muchos casos, la lactancia se inhibe de manera natural sin necesidad de intervención farmacológica.
Prácticas tradicionales y cambio de enfoque
Durante décadas se utilizaron fármacos dopaminérgicos para inhibir la secreción de prolactina de forma activa. Sin embargo, esta práctica se fue abandonando al observarse que:
- La supresión farmacológica no era necesaria en la mayoría de los casos
- Existía riesgo de efectos adversos
- La involución fisiológica suele ser eficaz y bien tolerada
Actualmente, las guías clínicas recomiendan un enfoque más conservador y centrado en la seguridad materna.
Supresión fisiológica de la lactancia: la opción preferente
Cuando no existe una contraindicación médica, la primera opción es permitir la supresión natural de la lactancia.
Las medidas habituales incluyen:
- Uso de un sujetador firme y cómodo
- Evitar la estimulación del pecho y del pezón
- Aplicación de frío local para aliviar la congestión
- Analgésicos convencionales en caso de dolor
- Extracción mínima solo si la presión es muy molesta
En la mayoría de las mujeres, la producción de leche disminuye de forma progresiva en un plazo aproximado de una a dos semanas.
Supresión farmacológica: cuándo está indicada
La inhibición farmacológica de la lactancia no debe realizarse de forma rutinaria. Existen, no obstante, situaciones clínicas concretas en las que puede estar justificada:
- Muerte fetal o neonatal
- Contraindicación absoluta para la lactancia (tratamientos citotóxicos, determinadas infecciones)
- Patología materna grave
- Situaciones de elevado impacto emocional con riesgo de congestión mamaria severa
En estos casos, la decisión debe ser individualizada y siempre bajo supervisión médica.
Fármacos utilizados para inhibir la lactancia
En la actualidad, el fármaco más utilizado es la cabergolina, administrada generalmente en dosis única. Su perfil de seguridad es mejor que el de otros fármacos empleados en el pasado, aunque no está exenta de efectos secundarios.
La bromocriptina, utilizada durante años, ha caído en desuso debido a la asociación con efectos adversos cardiovasculares y neurológicos, especialmente en el puerperio.
Riesgos de la supresión farmacológica innecesaria
El uso injustificado de fármacos para inhibir la lactancia puede conllevar:
- Hipotensión y mareos
- Cefaleas intensas
- Náuseas y malestar general
- Riesgos cardiovasculares en casos raros
Por este motivo, su uso debe reservarse exclusivamente a indicaciones claras y no como medida preventiva sistemática.
Acompañamiento y toma de decisiones
La decisión de no amamantar o de suspender la lactancia debe abordarse desde una perspectiva clínica y emocional. Es fundamental ofrecer información clara, libre de juicios, y respetar la decisión de la madre, garantizando su bienestar físico y psicológico.
Una lactancia artificial bien realizada, junto con un adecuado cuidado del recién nacido, permite un desarrollo infantil adecuado cuando la lactancia materna no es posible o no se desea.
Conclusión
No es necesario ni recomendable cortar farmacológicamente la secreción de leche materna de forma rutinaria cuando no se va a realizar lactancia natural. En la mayoría de los casos, la supresión fisiológica es suficiente, segura y bien tolerada.
La inhibición farmacológica debe reservarse para situaciones concretas y bajo indicación médica, priorizando siempre la seguridad materna y el acompañamiento informado en el puerperio.
