El síndrome de intestino irritable (SII) es un trastorno digestivo funcional que afecta a millones de personas en todo el mundo. Sus síntomas más comunes incluyen dolor abdominal, distensión, gases, diarrea, estreñimiento o una alternancia de ambos. Aunque no existe una causa única, se sabe que la alimentación desempeña un papel fundamental en la aparición y el manejo de los síntomas. En este contexto, la dieta baja en FODMAP se ha consolidado como una de las estrategias nutricionales más efectivas para aliviar las molestias en pacientes con SII.
Qué son los FODMAP
El término FODMAP proviene del inglés Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols. Se refiere a un grupo de carbohidratos de cadena corta y alcoholes de azúcar que son mal absorbidos en el intestino delgado y fermentados rápidamente en el colon.
Los alimentos a evitar en la dieta son los siguientes
- Oligosacáridos: fructanos y galactooligosacáridos, presentes en trigo, cebolla, ajo y legumbres.
- Disacáridos: lactosa, presente en leche y derivados lácteos.
- Monosacáridos: exceso de fructosa en relación con glucosa, presente en miel, manzanas y peras.
- Polioles: sorbitol, manitol, xilitol y maltitol, presentes en frutas como ciruelas o en edulcorantes artificiales.
Cómo funciona la dieta baja en FODMAP
La dieta se estructura en tres fases principales:
- Eliminación: durante 4 a 6 semanas se reducen al mínimo los alimentos ricos en FODMAP.
- Reintroducción: los distintos grupos de FODMAP se reintroducen de manera controlada para identificar cuáles son los desencadenantes de los síntomas.
- Mantenimiento: se personaliza la dieta a largo plazo con base en los alimentos tolerados por cada persona.
Este enfoque permite aliviar síntomas en la mayoría de pacientes y, al mismo tiempo, evitar restricciones innecesarias.
Beneficios de la dieta baja en FODMAP
- Reducción de síntomas digestivos: menor hinchazón, dolor abdominal y producción de gases.
- Mejora de la calidad de vida: permite mayor control sobre la dieta y los síntomas.
- Identificación de desencadenantes individuales: cada persona descubre qué alimentos específicos debe limitar.
Limitaciones y precauciones
- No es una dieta universal: no todos los pacientes con SII mejoran con este enfoque.
- Posible reducción de la fibra: la eliminación de ciertos alimentos puede disminuir la ingesta de fibra, por lo que se debe compensar con otras fuentes.
- Dificultad de seguimiento: requiere supervisión de un profesional en nutrición para evitar carencias nutricionales.
- No es una dieta permanente: su objetivo es identificar alimentos problemáticos, no eliminarlos indefinidamente.
Alimentos bajos en FODMAP recomendados
- Proteínas: carnes, pescados y huevos frescos.
- Frutas: plátanos, fresas, uvas, naranjas, kiwi.
- Verduras: calabacín, zanahoria, pepino, berenjena.
- Cereales sin gluten: arroz, avena sin gluten, maíz, quinoa.
- Lácteos sin lactosa: yogur y quesos curados.
Conclusión
La dieta baja en FODMAP se ha convertido en una herramienta eficaz para el manejo del síndrome de intestino irritable, aliviando síntomas en un gran número de pacientes. Su valor principal radica en la personalización: no se trata de eliminar alimentos de forma indefinida, sino de descubrir qué compuestos afectan a cada persona. Con el acompañamiento profesional adecuado, esta estrategia nutricional puede mejorar significativamente la salud digestiva y la calidad de vida de quienes padecen SII.
