Cuando hablamos de autismo solemos pensar en cifras actuales: en España se estima que al menos 1 de cada 100 niños es autista, y en países como Estados Unidos la proporción se acerca a 3 de cada 100. Pero estas cifras no siempre fueron así. Hace apenas medio siglo, los números que se manejaban eran radicalmente distintos.
Hace 50 años: una condición “rara”
En los años 70 y 80, los primeros estudios epidemiológicos hablaban de una prevalencia de 4 a 5 casos por cada 10.000 niños. Esto equivalía a decir que sólo 1 de cada 2.000–2.500 nacimientos era diagnosticado con autismo.
Sin embargo, puede ser que no se trataba de que hubiera menos autistas que hoy, sino de que el concepto diagnóstico era mucho más restrictivo. El “autismo infantil clásico” era la única forma reconocida, y quedaban fuera perfiles hoy incluidos dentro del espectro autista. Además, la falta de programas de cribado, de formación en pediatría y de sensibilidad en la escuela hacía que muchos niños pasaran inadvertidos o recibieran otras etiquetas (discapacidad intelectual, retraso madurativo, etc.).
El cambio de los 90 y 2000
Con la publicación de nuevas ediciones del DSM y la consolidación de la noción de Trastorno del Espectro Autista (TEA), las cifras comenzaron a subir.
- En los años 90 se estimaba ya entre 0,1% y 0,2% (1–2 de cada 1.000).
- En la década de 2000 la prevalencia subió a 0,5–0,8%, acercándose a 1 de cada 200 nacimientos.
Estos cambios reflejan principalmente una ampliación en la definición diagnóstica y una mejor detección.
Hoy: 1 de cada 100 en España
En la actualidad, la Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo reconoce que al menos 1 de cada 100 nacimientos corresponde a un niño que acabará siendo diagnosticado con TEA. Estudios europeos sitúan la horquilla entre 0,8% y 1,5%, lo que equivale a 1–1,5 por cada 100 nacidos.
En cifras absolutas, con unos 320.000 nacimientos al año en España (2023, INE), esto significa que entre 3.200 y 4.800 niños de cada cohorte anual recibirán un diagnóstico de autismo antes de cumplir los 8 años.
Y en el mundo: Estados Unidos a la cabeza
Los datos más recientes del CDC (red ADDM, 2022) sitúan la prevalencia estadounidense en 3,2% de los niños de 8 años, es decir, 1 de cada 31.
Esto representa que, de los 3,6 millones de nacidos anuales en EE. UU., alrededor de 115.000 niños acabarán con un diagnóstico de TEA en cada cohorte.
La diferencia con España y Europa no se debe tanto a una realidad biológica distinta, sino a factores como:
- Mayor intensidad en cribado y diagnóstico temprano.
- Diferencias en los sistemas educativos y sanitarios.
- Variabilidad en la interpretación clínica de los criterios.
¿Por qué aumentan los diagnósticos de autismo?
La explicación es compleja y multifactorial. A continuación distinguimos entre lo que explica el aumento aparente y lo que podría reflejar un aumento real de la incidencia.
Factores que explican el aumento aparente
- Ampliación de criterios diagnósticos: del autismo infantil clásico al espectro completo.
- Mayor sensibilización en pediatría, psicología y educación.
- Acceso a recursos sanitarios y educativos más específicos.
- Cambio en diagnósticos diferenciales: niños antes clasificados con “trastorno del lenguaje” o “discapacidad intelectual” ahora entran en TEA.
Factores que podrían contribuir a un aumento real
- Edad parental avanzada: los hijos de padres y madres de mayor edad tienen un riesgo ligeramente superior.
- Técnicas de reproducción asistida (TRA): asociadas a mayor edad parental y posiblemente a un ligero aumento de riesgo.
- Complicaciones prenatales y perinatales: prematuridad, bajo peso al nacer, hipoxia, diabetes gestacional.
- Exposición ambiental: contaminación atmosférica, pesticidas o metales pesados han mostrado asociaciones en algunos estudios.
- Microbiota y dieta: investigaciones recientes exploran cómo la interacción microbioma–neurodesarrollo puede influir en el riesgo.
- Genética y epigenética: el autismo tiene una heredabilidad elevada (70–80%), pero con múltiples genes implicados y modulados por factores ambientales.
- Uso de vacunas. Esta relación es siempre controvertida por la presión de la industria farmacéutica y la ocultación de estudios , como el famoso estudio de Wakefield (1998, en The Lancet) que afirmaba la relación entre la triple vírica y el autismo, cuyo artículo fue posteriormente retractado. Pero la relación entre el alumino y el mercurio que hay en las vacunas con el autismo es un hecho ampliamente conocido y ocultado por los medios oficiales.
Resumen histórico simplificado
- Años 70–80: 1 de cada 2.000 (0,05%)
- Años 90: 1–2 de cada 1.000 (0,1–0,2%)
- 2000–2010: 1 de cada 200–125 (0,5–0,8%)
- 2020s España: 1–1,5 de cada 100 (1–1,5%)
- 2020s EE. UU.: 3 de cada 100 (3,2%)
Conclusión
El aumento en las cifras de autismo que refleja que “haya más autistas” hoy que en el pasado, puede ser que sea porque vemos y entendemos mejor la diversidad neurológica, aunque también influyen algunos factores para este aumento. La evolución de 1 de cada 2.000 a 1 de cada 100 en medio siglo es, en gran medida, el reflejo de un progreso en la identificación y el acompañamiento, al que se suman algunos factores demográficos, ambientales y iatrogénicos que pueden haber incrementado la incidencia real.
