Las decisiones que tomamos en la vida —desde lo que comemos hasta las relaciones que mantenemos o las carreras que elegimos— no ocurren en el vacío. Están profundamente influenciadas por cómo nos vemos a nosotros mismos: nuestra identidad personal. Esta identidad, construida a partir de nuestras experiencias, creencias, cultura y entorno, actúa como un filtro a través del cual interpretamos el mundo y actuamos en él. Comprender cómo la identidad personal influye en la toma de decisiones es clave para vivir con mayor consciencia, coherencia y autenticidad.
¿Qué es la identidad personal?
La identidad personal es la percepción que una persona tiene de sí misma. Está compuesta por varios elementos:
- Autoconcepto: cómo nos definimos (por ejemplo, “soy creativo”, “soy responsable”)
- Valores y creencias: lo que consideramos importante y verdadero
- Historia personal: nuestras experiencias pasadas y cómo las interpretamos
- Roles sociales: como ser madre, estudiante, profesional o amigo
- Cultura y contexto: influencias familiares, educativas, religiosas y sociales
La identidad no es fija, sino que evoluciona con el tiempo y puede expandirse, contraerse o transformarse a partir de nuevas experiencias o elecciones conscientes.
Cómo influye la identidad en la toma de decisiones
a) Elección basada en la congruencia
Tendemos a tomar decisiones que refuercen o confirmen nuestra identidad. Por ejemplo, una persona que se define como “saludable” elegirá alimentos que refuercen esa imagen, incluso cuando la opción menos saludable resulte más tentadora.
b) Evitación de la disonancia
La disonancia cognitiva ocurre cuando nuestras acciones no coinciden con nuestra identidad. Para evitar esa incomodidad, ajustamos nuestras decisiones para alinearlas con lo que creemos que “somos”.
c) Influencia de los roles
Los roles que adoptamos influyen en nuestras prioridades. Una persona que se identifica principalmente como “padre” puede tomar decisiones centradas en la seguridad y el bienestar de sus hijos, mientras que un “emprendedor” podría priorizar la innovación y el riesgo.
d) Limitaciones percibidas
A veces, la identidad actúa como una barrera. Una persona que se considera “mala con los números” puede evitar oportunidades financieras, no porque carezca de capacidad, sino porque su autoconcepto limita sus opciones.
El poder de la identidad en el cambio de hábitos
Muchos intentos de cambio fallan porque se enfocan en el comportamiento sin considerar la identidad. Por ejemplo:
- Enfoque superficial: “Quiero dejar de fumar.”
- Enfoque identitario: “No soy fumador.”
Este segundo enfoque, centrado en la transformación del “quién soy”, es más sostenible, porque cada decisión futura se evalúa desde la nueva identidad asumida.
Cómo construir una identidad alineada con nuestras metas
a) Reflexión consciente
Pregúntate:
- ¿Cómo me defino a mí mismo?
- ¿De dónde vienen estas definiciones?
- ¿Me empoderan o me limitan?
b) Visualización del yo ideal
Imagina quién deseas ser, no solo lo que quieres lograr. ¿Qué decisiones tomaría esa versión de ti mismo?
c) Repetición de acciones alineadas
Cada elección es un voto por la identidad que estás construyendo. Elegir pequeños actos diarios que encajen con tu yo ideal refuerza esa transformación.
d) Cuestionar narrativas heredadas
Muchas partes de nuestra identidad provienen del entorno: familia, cultura, sociedad. Es válido y necesario cuestionarlas si no se ajustan a quién queremos ser.
Ejemplos prácticos
- Salud: Alguien que se identifica como “persona activa” será más constante con el ejercicio que quien solo tiene el objetivo de “perder peso”.
- Trabajo: Un profesional que se define como “líder” actuará de manera más proactiva y resolutiva que quien se ve como “empleado obediente”.
- Finanzas: Definirse como “alguien responsable con el dinero” guiará decisiones más coherentes que actuar por impulsos sin una identidad clara.
- Relaciones: La manera en que uno se define como pareja (protector, compañero, independiente) moldea los vínculos y la forma de comunicarse.
Conclusión
La identidad personal es una brújula silenciosa que guía nuestras elecciones cotidianas. Al hacernos conscientes de cómo nos vemos y cómo eso influye en nuestras decisiones, adquirimos el poder de transformar nuestra vida desde dentro. Las decisiones más auténticas y sostenibles no se basan únicamente en lo que queremos hacer, sino en quién elegimos ser.
