Cuando los gobiernos, bajo el amparo de una legalidad vacía de legitimidad, olvidan su verdadero propósito de servir al pueblo, la sociedad civil no solo tiene el derecho, sino la obligación moral de resistir. La desobediencia civil activa y pacífica se erige como la herramienta más poderosa de quienes rechazan la opresión, las mentiras institucionalizadas y las leyes que solo perpetúan la injusticia.
Hoy vivimos tiempos donde la coacción, el aumento desproporcionado de impuestos, y la promulgación de normativas arbitrarias buscan doblegar el espíritu del pueblo. Nos enfrentamos a un gobierno que, aunque pueda ser legal, ha perdido la confianza, la representación y el compromiso con aquellos a quienes debería servir. Este abandono es evidente en crisis como la que afecta a Valencia, donde los intereses del pueblo han sido relegados y olvidados.
El pueblo se encuentra sometido no solo por decisiones políticas insensibles, sino también por una maquinaria de desinformación que erosiona nuestra capacidad de discernir la verdad. En este contexto, la desobediencia civil no es simplemente una opción; es una respuesta ética y necesaria para proteger los valores fundamentales de justicia, libertad y dignidad.
¿Por qué desobedecer?
1. Porque las leyes injustas no son leyes verdaderas: Desde el pensamiento de Thoreau hasta los movimientos liderados por Gandhi y Martin Luther King Jr., la historia nos enseña que cuando las leyes perpetúan la injusticia, es nuestro deber desobedecerlas. No podemos aceptar pasivamente medidas que esclavizan y marginan al ciudadano común en beneficio de unos pocos.
2. Porque la legitimidad emana del pueblo: Un gobierno que traiciona los intereses de su pueblo pierde su legitimidad, aunque conserve su legalidad. Si nuestras voces no son escuchadas en las urnas ni en los foros públicos, debemos buscar nuevos espacios de resistencia.
3. Porque la acción pacífica es nuestra arma más poderosa: La violencia solo perpetúa el ciclo de opresión. La desobediencia civil pacífica, al contrario, desarma al opresor y revela la profundidad de nuestras convicciones. Es un acto de valor que inspira al cambio sin recurrir al odio.
4. Porque el pueblo salva al pueblo: En tiempos de abandono, la solidaridad entre ciudadanos se convierte en nuestra única salvaguarda. La historia nos muestra que los cambios más profundos nacen de la unión y la resistencia organizada de los ciudadanos.
¿Cómo llevarla a cabo?
• Informarnos y educar a otros: La primera forma de resistencia es entender las verdades que buscan ocultarnos. Combatamos los bulos con hechos, y la ignorancia con conocimiento.
• Rechazar las normativas injustas: No temamos desafiar leyes que atentan contra nuestros derechos. La resistencia activa puede tomar la forma de no colaboración, boicot económico o manifestaciones masivas.
• Organizarnos en comunidades solidarias: La unidad del pueblo es clave para superar la fragmentación que el sistema fomenta. Construyamos redes de apoyo mutuo para sostenernos en tiempos difíciles.
• Mantenernos firmes pero pacíficos: La paz es nuestra mayor fortaleza. Es en la tranquilidad de nuestras acciones donde reside la verdadera fuerza del cambio.
El deber moral de actuar
La inacción ante la injusticia es complicidad. Si permitimos que el gobierno abuse de su poder sin resistencia, entregamos nuestra dignidad y futuro. Pero al desobedecer, recordamos al mundo que el pueblo tiene la última palabra. Como decía Gandhi: “Primero te ignoran, luego se ríen de ti, después te atacan, y entonces ganas”.
Solo el pueblo salva al pueblo, y lo hace a través de su conciencia despierta, su acción unida y su espíritu inquebrantable. La desobediencia civil activa y pacífica es el faro que ilumina el camino hacia una sociedad más justa y equitativa. Es hora de alzar la voz, de unirnos y de demostrar que el poder verdadero reside en el pueblo, no en quienes lo oprimen.
