En breve: qué es la insuficiencia cardíaca y cómo se trata
La insuficiencia cardíaca no significa que el corazón vaya a pararse, sino que bombea o se llena con menos eficacia de la que el cuerpo necesita. Provoca fatiga, falta de aire e hinchazón de piernas. Su tratamiento se apoya en fármacos y en controlar la sal y el peso; la nutrición y algunos suplementos son un apoyo, nunca un sustituto.
Contenido de esta guía
La insuficiencia cardíaca asusta solo de nombre, y conviene empezar deshaciendo un malentendido: no significa que el corazón se haya «parado» o esté a punto de hacerlo, sino que no consigue bombear o llenarse de sangre con la eficacia que el cuerpo necesita. Es una enfermedad crónica, frecuente y seria —una de las principales causas de hospitalización a partir de cierta edad—, pero también una de las que más ha mejorado su pronóstico en las últimas décadas gracias a los avances en el tratamiento. Quien la padece puede, con el abordaje adecuado, vivir muchos años con buena calidad de vida.
En esta guía repasamos qué es exactamente, por qué aparece, en qué consiste su tratamiento —que es médico y constituye la base de todo—, y qué papel de apoyo pueden tener la nutrición y algunos suplementos. Es importante subrayarlo desde el principio: nada de lo que leerás aquí sustituye a la medicación ni al seguimiento de tu cardiólogo. La nutrición acompaña; no reemplaza.
Qué es y cómo se manifiesta
En la insuficiencia cardíaca el corazón pierde capacidad para cumplir su función de bomba. Se distinguen dos grandes formas: aquella en la que el corazón se contrae con poca fuerza —insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida— y aquella en la que el corazón se contrae bien pero se llena con dificultad porque está rígido —con fracción de eyección preservada—. Esta distinción es relevante porque condiciona el tratamiento.
Los síntomas derivan de dos fenómenos: la sangre que no avanza bien se «remansa» y produce congestión, y los tejidos reciben menos riego. De ahí la tríada característica: dificultad para respirar —al esfuerzo, al tumbarse o por la noche—, fatiga y cansancio, e hinchazón de piernas y tobillos por retención de líquidos. A ello pueden sumarse la necesidad de orinar de noche o el aumento rápido de peso por acumulación de agua. Detrás suele haber una causa identificable: la cardiopatía isquémica y el infarto previo, la hipertensión arterial mal controlada, las enfermedades de las válvulas, ciertas arritmias, la diabetes o el consumo excesivo de alcohol. El diagnóstico lo establece el médico combinando la clínica, la ecocardiografía y análisis como los péptidos natriuréticos.
El tratamiento médico es la base de todo
Aquí está el mensaje más importante del artículo. En las últimas décadas, el tratamiento de la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida ha transformado el pronóstico de la enfermedad, y las guías clínicas actuales se apoyan en lo que se conoce como los «cuatro pilares» del tratamiento: los fármacos que bloquean el sistema renina-angiotensina (inhibidores de la ECA, antagonistas del receptor de angiotensina o, preferentemente, el sacubitrilo-valsartán), los betabloqueantes, los antagonistas del receptor de mineralocorticoides y, como gran novedad, los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT2), que han demostrado beneficio incluso en la forma con fracción preservada (Heidenreich et al., 2022). A ellos se añaden los diuréticos para aliviar la congestión y, en casos seleccionados, dispositivos como desfibriladores o resincronizadores.
La consecuencia práctica es clara: tomar la medicación tal y como se ha pautado, sin abandonarla aunque uno se encuentre bien, es la medida que más vidas salva en esta enfermedad. Cualquier ajuste corresponde al cardiólogo. Todo lo que viene a continuación —la nutrición y los suplementos— se entiende solo como un apoyo construido sobre esa base.
La nutrición como apoyo: con sus matices
La sal: menos rígido de lo que se creía
Durante años, «dieta sin sal» fue casi sinónimo de insuficiencia cardíaca. La evidencia reciente ha matizado ese dogma. El ensayo SODIUM-HF, que comparó una reducción estricta del sodio con la atención habitual en pacientes ambulatorios, no encontró que la restricción intensa redujera las hospitalizaciones, las visitas a urgencias ni la mortalidad (Ezekowitz et al., 2022). Esto no significa que la sal dé igual —evitar los excesos sigue siendo razonable para controlar la congestión—, pero sí que las restricciones extremas y poco realistas no aportan el beneficio que se les atribuía y pueden empeorar el apetito y la nutrición. El enfoque actual es individualizado: moderar sin obsesionarse, priorizando una alimentación que el paciente pueda mantener.
El peso: aquí el problema suele ser adelgazar
Un giro que sorprende a mucha gente: en la insuficiencia cardíaca avanzada, el riesgo no suele ser engordar, sino lo contrario. La desnutrición, la pérdida de masa muscular y la caquexia cardíaca se asocian a un peor pronóstico, en lo que se ha llamado la «paradoja de la obesidad». Por eso, en fases sintomáticas, el objetivo nutricional cambia: ya no se trata de restringir calorías, sino de evitar la pérdida de peso involuntaria y asegurar un aporte suficiente de energía y proteínas para preservar el músculo (Kida et al., 2022). Vigilar el estado nutricional es, en estos pacientes, tan importante como controlar la congestión.
El patrón alimentario que protege
Para la prevención y el cuidado general del corazón, los patrones de dieta saludables siguen siendo la mejor apuesta. Una revisión sistemática concluyó que las dietas de tipo mediterráneo y DASH se asocian a una menor incidencia de insuficiencia cardíaca y a mejores parámetros de función cardíaca (Sanches Machado d’Almeida et al., 2018). Una alimentación rica en verduras, fruta, legumbres, pescado y aceite de oliva, baja en ultraprocesados y en la que se evite el alcohol —cuyo exceso puede dañar directamente el músculo cardíaco— es coherente con todo lo que sabemos sobre el cuidado del corazón a través del estilo de vida y el control del colesterol.
Micronutrientes y suplementos: apoyos con respaldo, nunca sustitutos
A diferencia de otras situaciones, en la insuficiencia cardíaca algunos suplementos cuentan con evidencia de ensayos clínicos como tratamiento complementario. Conviene insistir: complementario al tratamiento médico, nunca en su lugar, y siempre coordinado con el cardiólogo, especialmente por el delicado equilibrio del potasio y las posibles interacciones.
Hierro: un déficit que conviene buscar
El déficit de hierro es muy frecuente en la insuficiencia cardíaca —incluso sin anemia— y empeora los síntomas y la capacidad de esfuerzo. Es importante porque tiene solución: el ensayo AFFIRM-AHF demostró que administrar hierro intravenoso (carboximaltosa férrica) a pacientes con déficit reducía las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca (Ponikowski et al., 2020). La clave está en los matices: el déficit se detecta con la ferritina y el índice de saturación de transferrina, y su corrección eficaz se hace por vía intravenosa y bajo indicación médica, ya que el hierro oral apenas funciona en este contexto. No es, por tanto, un suplemento de automedicación, sino un motivo para pedir a tu cardiólogo que valore tus niveles.
Tiamina (vitamina B1): vigilar el efecto de los diuréticos
El uso prolongado de diuréticos de asa como la furosemida, una piedra angular del tratamiento, aumenta la eliminación urinaria de tiamina y puede provocar su déficit. Y la tiamina importa, porque hay datos de que su reposición puede mejorar la fracción de eyección y la capacidad funcional en pacientes tratados con diuréticos (Katta et al., 2016). Asegurar un buen aporte de esta y otras vitaminas del grupo B, a través de la dieta y, si procede, de un complemento, es una medida sensata en quienes toman diuréticos de forma crónica.
Omega-3: un apoyo con ensayo a favor
Los ácidos grasos omega-3 son uno de los pocos suplementos con un ensayo de gran tamaño a favor en esta enfermedad. En el estudio GISSI-HF, una dosis de 1 gramo diario de omega-3 produjo una reducción pequeña pero significativa de la mortalidad y de los ingresos hospitalarios por causas cardiovasculares en pacientes con insuficiencia cardíaca, con un excelente perfil de seguridad (Tavazzi et al., 2008). Por eso, asegurar un buen aporte mediante pescado azul o con un concentrado de omega-3 de alta pureza con EPA y DHA es un apoyo razonable; lo desarrollamos en nuestra guía sobre los omega-3.
Coenzima Q10 y otros micronutrientes
La coenzima Q10 participa en la producción de energía en las células del corazón, y sus niveles son más bajos cuanto más grave es la insuficiencia cardíaca. El ensayo Q-SYMBIO observó que añadir coenzima Q10 al tratamiento estándar reducía los eventos cardiovasculares mayores y la mortalidad en pacientes con insuficiencia cardíaca, mejorando además los síntomas (Mortensen et al., 2014). Es un resultado prometedor que ha despertado interés como terapia metabólica de apoyo. A ello se suma el magnesio, que los diuréticos también tienden a depletar. En este contexto, un complejo multinutriente que aporte coenzima Q10, vitaminas del grupo B y magnesio puede tener sentido como apoyo metabólico, y para entender el papel del magnesio puedes consultar nuestra guía completa sobre el magnesio. Eso sí, dada la importancia del equilibrio del potasio y de las interacciones con la medicación, cualquier suplemento debe consultarse antes con el cardiólogo.
Autocuidado: las señales que no hay que ignorar
El día a día marca una gran diferencia en esta enfermedad. Pesarse cada mañana, en ayunas y tras orinar, permite detectar a tiempo la retención de líquidos: un aumento rápido de peso —del orden de dos kilos en dos o tres días— suele indicar que el cuerpo está acumulando agua y conviene avisar al equipo médico. Lo mismo ocurre si empeoran la hinchazón de las piernas, la fatiga o la falta de aire, o si cuesta dormir tumbado. Mantener la actividad física adaptada —los programas de rehabilitación cardíaca son muy beneficiosos—, vacunarse frente a la gripe y otras infecciones respiratorias, evitar el alcohol y el tabaco, y tomar la medicación con rigor son las claves del control. Ante un empeoramiento marcado de la dificultad respiratoria, conviene buscar atención médica sin demora.
Preguntas frecuentes
¿La insuficiencia cardíaca significa que mi corazón va a pararse pronto?
No. Significa que el corazón no bombea con la eficacia necesaria, no que vaya a detenerse. Con el tratamiento adecuado, muchas personas viven años con buena calidad de vida. El pronóstico ha mejorado enormemente.
¿Tengo que llevar una dieta totalmente sin sal?
No es necesario llegar a ese extremo. La evidencia reciente muestra que las restricciones muy estrictas no mejoran los resultados y pueden perjudicar la nutrición. Lo recomendable es moderar la sal y los ultraprocesados sin obsesionarse, según las indicaciones de tu médico.
¿Puedo tomar suplementos por mi cuenta?
No sin consultarlo. Aunque el omega-3 o la coenzima Q10 tienen respaldo como apoyo, y el déficit de hierro o de tiamina conviene corregirlo, todo debe coordinarse con tu cardiólogo por el riesgo de interacciones y por el equilibrio del potasio. Y ningún suplemento sustituye a tu medicación.
¿Por qué tengo que pesarme todos los días?
Porque un aumento rápido de peso es la señal más temprana de que estás reteniendo líquido, antes incluso de que aparezca la hinchazón o la falta de aire. Detectarlo a tiempo permite ajustar el tratamiento y evitar un ingreso.
En resumen
La insuficiencia cardíaca es una enfermedad seria pero tratable, cuyo control descansa, ante todo, sobre el tratamiento médico: los cuatro pilares farmacológicos y los diuréticos han cambiado su pronóstico, y la adherencia a esa medicación es lo que más importa. Sobre esa base, la nutrición aporta un apoyo valioso, con matices que conviene conocer: la restricción extrema de sal no es necesaria, y en fases avanzadas el objetivo es evitar la desnutrición más que adelgazar. Entre los suplementos, algunos cuentan con respaldo como complemento —el omega-3 y la coenzima Q10—, y conviene buscar y corregir el déficit de hierro y de tiamina, siempre de la mano del cardiólogo. Como en toda la serie, este contenido tiene una finalidad informativa y no sustituye la valoración de tu médico, que es quien debe diagnosticar y pautar el tratamiento de tu insuficiencia cardíaca.

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La evidencia citada en este artículo procede de literatura científica indexada en PubMed.
Ezekowitz, J. A., Colin-Ramirez, E., Ross, H., Escobedo, J., Macdonald, P., Troughton, R., Saldarriaga, C., Alemayehu, W., McAlister, F. A., Arcand, J., … Zieroth, S. (2022). Reduction of dietary sodium to less than 100 mmol in heart failure (SODIUM-HF): An international, open-label, randomised, controlled trial. The Lancet, 399(10333), 1391–1400. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)00369-5
Heidenreich, P. A., Bozkurt, B., Aguilar, D., Allen, L. A., Byun, J. J., Colvin, M. M., Deswal, A., Drazner, M. H., Dunlay, S. M., Evers, L. R., … Yancy, C. W. (2022). 2022 AHA/ACC/HFSA guideline for the management of heart failure: A report of the American College of Cardiology/American Heart Association Joint Committee on Clinical Practice Guidelines. Journal of the American College of Cardiology, 79(17), e263–e421. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2021.12.012
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✔️ Contenido escrito y revisado por el Dr. Fernando Molina Sánchez, médico colegiado, según nuestro método editorial.