En breve: qué analítica pedir para detectar la inflamación silenciosa
Para orientar una inflamación crónica de bajo grado, el primer escalón son seis parámetros que tu médico de cabecera suele cubrir: PCR ultrasensible (hs-CRP), hemograma completo, ferritina con hierro y transferrina, glucosa e insulina en ayunas (para calcular el HOMA-IR), perfil lipídico con triglicéridos y HDL, y GGT con transaminasas y ácido úrico. Si ahí algo no cuadra, un segundo escalón añade homocisteína, vitamina D, índice omega-3, perfil tiroideo, calprotectina fecal y lipoproteína(a). Ninguno diagnostica por sí solo: se leen en conjunto, mirando la tendencia —no solo el «dentro de lo normal»— y siempre con tu médico.
«Me han dicho que lo tengo todo bien.» Es la frase que más escucho de gente que arrastra cansancio, dolores difusos, digestiones pesadas o una barriga que no baja. Y casi siempre es cierta: la analítica de empresa o la de revisión sale limpia. El problema es que esa analítica no está diseñada para medir inflamación crónica de bajo grado. Mide otras cosas.
Esta guía es la lista concreta de parámetros que conviene pedir cuando se sospecha inflamación silenciosa: cuáles son, qué significa cada uno, en qué rango conviene moverse (que no es lo mismo que «dentro de lo normal») y cómo pedirlos sin que suene a lista de internet. Está ordenada en dos escalones, del más barato y accesible al más específico, para que puedas empezar por lo que probablemente ya te cubre tu médico de cabecera.
Antes de seguir: esto es material divulgativo, no un protocolo diagnóstico. Ningún valor de esta página sirve para diagnosticarse ni para descartar nada por cuenta propia. La interpretación de una analítica depende de tu historia clínica, tu exploración y tu medicación, y eso solo lo puede hacer el profesional que te atiende. Úsala para preguntar mejor, no para sustituir la consulta.
Por qué una analítica «normal» no ve la inflamación
Hay dos motivos, y los dos son fáciles de entender.
El primero es de sensibilidad. La PCR convencional que sale en casi todos los informes está calibrada para detectar infecciones y brotes: se mueve cómoda en el rango de decenas o cientos. Por debajo de cierto umbral, sencillamente informa «<5» o «negativa». Pero la inflamación crónica de bajo grado vive precisamente ahí abajo, entre 1 y 3, en un territorio que esa técnica no distingue. Para verlo hace falta la versión ultrasensible, que es otra determinación, aunque se llame casi igual.
El segundo es de criterio. Los rangos de referencia de un laboratorio se construyen con el percentil 2,5 y el 97,5 de una población de referencia; es decir, describen lo que es frecuente, no lo que es deseable. En una población en la que la mitad de los adultos tiene sobrepeso, «estar dentro del rango» puede significar simplemente estar tan mal como la media. Por eso en esta guía verás dos columnas mentales: el rango del laboratorio y el rango en el que conviene moverse.
Y un tercer matiz que no es del laboratorio sino de método: ningún marcador aislado mide «la inflamación». No existe. Lo que existe es un patrón, y el patrón se ve cruzando media docena de datos baratos. De ahí que la lista sea una lista y no un análisis estrella.
Primer escalón: los seis que pediría siempre
Son baratos, están disponibles en cualquier laboratorio y la mayoría entran en una analítica de atención primaria sin necesidad de justificar gran cosa. Si solo vas a pedir un bloque, que sea este.
1. PCR ultrasensible (PCR-us o hs-CRP)
Es el marcador central y el que más veces falta. La proteína C reactiva la fabrica el hígado en respuesta a la interleucina-6, así que funciona como termómetro indirecto de la actividad inflamatoria del organismo. La clave está en pedir la versión ultrasensible por su nombre: si pones «PCR» a secas, es muy probable que te devuelvan la técnica convencional y el resultado no sirva para esto.
Las bandas de referencia que se usan desde hace dos décadas para riesgo cardiovascular son:
- Menos de 1 mg/L — riesgo bajo.
- Entre 1 y 3 mg/L — riesgo intermedio. Aquí es donde vive la inflamación de bajo grado y donde suele estar la gente que se encuentra mal sin tener nada diagnosticado.
- Más de 3 mg/L — riesgo alto.
- Más de 10 mg/L — ya no se interpreta como inflamación crónica. Sugiere un proceso agudo (una infección, un traumatismo, un brote) y lo correcto es repetirla pasadas dos o tres semanas, no sacar conclusiones.
Cuidado con las unidades: muchos laboratorios españoles informan la PCR en mg/dL en lugar de mg/L. Son cien veces distintas. 3 mg/L equivale a 0,3 mg/dL, y un 0,4 que parece minúsculo son en realidad 4 mg/L. Comprueba siempre la unidad antes de alarmarte o de tranquilizarte.
2. Hemograma completo (y lo que se puede leer entre líneas)
Casi siempre lo tienes ya hecho y casi nunca se le saca partido. Más allá de la hemoglobina, hay dos lecturas útiles.
La primera es el cociente neutrófilos/linfocitos, que se calcula tú mismo dividiendo un valor por el otro. En un adulto sano suele moverse alrededor de 1 a 2. Valores mantenidos por encima de 3, sin infección que lo explique, se asocian de forma bastante consistente con inflamación sistémica de bajo grado y estrés fisiológico. No es un parámetro diagnóstico, pero es gratis: ya está en tu informe.
La segunda es la velocidad de sedimentación (VSG), que a menudo viene en el mismo tubo. Es un marcador lento y bastante inespecífico —sube con la edad, con la anemia y en las mujeres más que en los hombres—, pero cuando aparece elevada junto a una PCR-us alta refuerza la señal. Una regla clásica para el techo razonable: en hombres, la edad dividida entre dos; en mujeres, la edad más diez, dividida entre dos.
3. Ferritina, con hierro y transferrina
La ferritina es el parámetro peor interpretado de toda la analítica, porque hace dos trabajos a la vez: es el almacén de hierro y es un reactante de fase aguda. Es decir, sube cuando hay inflamación aunque no sobre hierro.
De ahí que no tenga sentido pedirla sola. Junto al hierro sérico y a la saturación de transferrina, el cuadro se aclara solo: ferritina alta con saturación normal o baja y PCR-us elevada apunta a inflamación, no a sobrecarga férrica. Ferritina alta con saturación alta es otra historia y merece estudio.
Por el otro extremo, una ferritina por debajo de 30 ng/mL ya indica depósitos agotados aunque la hemoglobina sea perfecta y nadie te haya dicho que tengas anemia. Es una causa muy frecuente de cansancio y caída de pelo en mujeres con regla abundante, y con inflamación de fondo puede quedar enmascarada, porque la inflamación empuja la ferritina hacia arriba y disimula el déficit.
4. Glucosa e insulina en ayunas (para calcular el HOMA-IR)
La glucosa en ayunas te la dan siempre. La insulina en ayunas, casi nunca, y es la que informa. La resistencia a la insulina aparece años antes de que la glucosa se mueva: durante todo ese tiempo el páncreas compensa fabricando más insulina y la glucosa sigue saliendo «normal».
Con los dos valores se calcula el índice HOMA-IR, que es una simple multiplicación: glucosa en mg/dL × insulina en µU/mL ÷ 405. Por debajo de 2 se considera sensibilidad conservada; entre 2 y 2,5 hay zona gris; por encima de 2,5 (algunos autores suben el listón hasta 3) se habla de resistencia a la insulina. Los puntos de corte varían según la población estudiada, así que interesa más la tendencia entre dos analíticas tuyas que la cifra exacta de una sola.
Añade la hemoglobina glicada (HbA1c), que resume los tres últimos meses: por debajo de 5,7 % es normal y entre 5,7 y 6,4 % ya es prediabetes. Es de las pocas cosas que no se pueden maquillar comiendo bien los tres días previos a la extracción.
5. Perfil lipídico completo, mirando triglicéridos y HDL
Aquí la costumbre es fijarse en el colesterol total, que es justamente el dato menos informativo del conjunto. Para lo que nos ocupa, los dos números que hablan son los triglicéridos (deseable por debajo de 150 mg/dL) y el HDL (por encima de 40 mg/dL en hombres y de 50 en mujeres).
El truco práctico es dividir uno entre otro: el cociente triglicéridos/HDL. Por debajo de 2 es un buen indicador de sensibilidad a la insulina; por encima de 3 sugiere lo contrario y suele acompañar al patrón de partículas LDL pequeñas y densas, que son las que más se relacionan con daño arterial. Si pides colesterol no-HDL (total menos HDL) tendrás además una estimación de carga aterogénica mejor que el LDL calculado, sobre todo si tus triglicéridos son altos.
6. GGT, transaminasas y ácido úrico
Vienen de serie en casi cualquier petición y se leen en diez segundos. La GGT es sensible al estrés oxidativo y al alcohol, y una GGT que sube dentro del rango normal a lo largo de los años es una señal temprana que conviene no ignorar. La ALT (GPT) ligeramente elevada, sobre todo si supera a la AST, es la pista más habitual de hígado graso metabólico, que es a la vez causa y consecuencia de inflamación de bajo grado.
El ácido úrico se asocia a inflamación y a síndrome metabólico bastante antes de dar un ataque de gota. El techo habitual está en 7 mg/dL para hombres y 6 para mujeres, pero valores en la parte alta acompañados de triglicéridos altos y tensión al límite dibujan el mismo cuadro de fondo.
¿Merece la pena que te pinchen?
Antes de pedir una analítica ampliada conviene saber si hay motivo para pedirla. El test de inflamación silenciosa recorre en dos minutos las señales por las que preguntaría en consulta —cansancio, digestiones, rigidez, grasa abdominal, sueño— y te sitúa en una banda con recomendaciones concretas. Si sales alto, esta lista de parámetros cobra sentido; si sales bajo, probablemente lo urgente esté en otro sitio.
Ver si tengo motivos para pedir la analítica →
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Segundo escalón: cuando el primero no cuadra
Estos ya no se piden «por si acaso». Tienen sentido cuando el bloque anterior ha salido alterado, cuando los síntomas no encajan con lo que se ve, o cuando hay un antecedente familiar que justifica mirar más fino. Algunos entran en la sanidad pública con una indicación clara y otros suelen quedar en el ámbito privado.
7. Homocisteína (con B12 y folato)
Barata, poco pedida y muy informativa. La homocisteína alta daña el endotelio, se relaciona con deterioro cognitivo y suele corregirse con vitaminas del grupo B, que es lo que la hace tan agradecida. El detalle importante: muchos laboratorios dan por normal cualquier valor por debajo de 15 µmol/L, pero el objetivo razonable está bastante más abajo, por debajo de 10, y por debajo de 9 si hay riesgo cardiovascular o cognitivo de fondo.
Pídela acompañada de vitamina B12 y folato, porque son la causa corregible más frecuente. Y si tomas protector de estómago o metformina de forma crónica, la B12 deja de ser opcional. Un apunte técnico que evita sustos: la muestra de homocisteína se altera si el tubo tarda en centrifugarse, así que conviene que se procese pronto.
8. Vitamina D (25-OH)
Se pide la forma 25-hidroxivitamina D, no la 1,25. Por debajo de 20 ng/mL se habla de deficiencia, entre 20 y 29 de insuficiencia, y el rango en el que conviene moverse está entre 30 y 50 ng/mL. Si tu informe viene en nmol/L, divide entre 2,5.
Su papel aquí es doble: la vitamina D modula la respuesta inmunitaria, y a la vez sus niveles bajan en presencia de inflamación y de obesidad, porque se secuestra en el tejido graso. Es decir, puede ser causa y consecuencia al mismo tiempo. Que en España, con el sol que tenemos, la insuficiencia sea tan común dice bastante de cuánto tiempo pasamos dentro de un edificio.
9. Índice omega-3 y relación omega-6/omega-3
Este es el parámetro que mejor refleja lo que has comido durante los últimos meses, porque se mide en la membrana del glóbulo rojo y no en el plasma: no lo altera lo que cenaste anoche. El índice omega-3 expresa el porcentaje de EPA y DHA sobre el total de ácidos grasos de esa membrana. Por debajo del 4 % se considera zona de riesgo alto, entre el 4 y el 8 % intermedio, y el objetivo está entre el 8 y el 12 %.
La media europea suele quedarse en la franja baja. Junto al índice conviene mirar la relación omega-6/omega-3: la dieta occidental la ha llevado a proporciones de 15:1 o 20:1 cuando el equilibrio evolutivo estaba cerca de 4:1, y ese desequilibrio favorece la producción de mediadores proinflamatorios. Lo desarrollo en la guía completa de omega-3. Es un análisis que rara vez cubre la sanidad pública, pero es de los pocos que mide directamente algo que puedes cambiar con la compra semanal.
10. TSH, T4 libre y anticuerpos antitiroideos
El hipotiroidismo comparte síntomas con la inflamación crónica casi punto por punto: cansancio, frío, estreñimiento, piel seca, aumento de peso, niebla mental. Merece descartarse antes de atribuirlo todo a la inflamación. La TSH sola se queda corta: acompáñala de T4 libre, y de anticuerpos anti-TPO si hay antecedentes familiares o síntomas persistentes, porque la tiroiditis autoinmune puede cursar con TSH todavía normal.
El rango de laboratorio de la TSH suele ir de 0,4 a 4,0 mUI/L, aunque hay bastante discusión sobre si el techo debería ser más bajo en personas jóvenes y sintomáticas. No es un debate cerrado; sí es un motivo para no despachar un 3,8 como «perfecto» si los síntomas están ahí.
11. Calprotectina fecal, si el problema es digestivo
Cuando los síntomas son intestinales, ningún marcador en sangre distingue bien entre un intestino irritable y una inflamación orgánica. La calprotectina fecal sí: por debajo de 50 µg/g se considera normal, entre 50 y 150 hay zona gris que suele repetirse, y por encima de 150-200 orienta a inflamación intestinal que hay que estudiar. Es una prueba en heces, no en sangre, y evita muchas colonoscopias innecesarias, además de detectar las necesarias. Los antiinflamatorios tipo ibuprofeno la elevan, así que conviene decir si los tomas. Y si el terreno digestivo es el tuyo y quieres leerlo con calma, en los mejores libros sobre microbiota intestinal comparo ocho títulos con lo que aporta cada uno.
12. Lipoproteína(a), una sola vez en la vida
No es un marcador de inflamación, pero se cuela en esta lista por una razón práctica: está determinada genéticamente, apenas cambia a lo largo de la vida y explica una parte del riesgo cardiovascular que el colesterol no ve. Basta medirla una vez. Si sale alta —por encima de 50 mg/dL, según la unidad que use tu laboratorio— cambia la conversación sobre cuánto conviene apretar en todo lo demás. Si sale baja, ya no hay que volver a pensar en ella.
Cada marcador, a fondo. Los que más dudas generan tienen su propia guía detallada: PCR ultrasensible alta, ferritina baja con hemoglobina normal, transaminasas y GGT altas, ApoB, lipoproteína(a) alta, por qué tu vitamina D no sube aunque la tomes y anti-TPO altos con TSH normal.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la prueba más importante para la inflamación silenciosa?
La PCR ultrasensible (hs-CRP) es el punto de partida: barata, disponible en cualquier laboratorio y, mantenida de forma crónica, orientativa de un estado inflamatorio de bajo grado. Como referencia, valores por debajo de 1 mg/L se asocian a menor riesgo cardiovascular y por encima de 3 mg/L a un riesgo mayor (Ridker, Circulation, 2003). No se interpreta en un pico aislado —una infección o un golpe la disparan— sino de forma repetida y en contexto.
¿Una analítica «normal» detecta la inflamación crónica de bajo grado?
No necesariamente. La analítica de empresa o de revisión no está diseñada para medir la inflamación silenciosa: puede salir «limpia» y aun así existir un fondo inflamatorio. Por eso conviene pedir parámetros concretos —empezando por la PCR ultrasensible— y fijarse en la tendencia y en rangos óptimos, no solo en si el valor cae «dentro de lo normal».
¿Es peligrosa la inflamación de bajo grado?
No es una urgencia ni un diagnóstico en sí, pero mantenida en el tiempo la inflamación sistémica crónica se asocia al desarrollo de varias de las enfermedades más frecuentes —cardiovascular, diabetes tipo 2, hígado graso, y patología neurodegenerativa y autoinmune— (Furman et al., Nature Medicine, 2019). Es un terreno que conviene vigilar y corregir con hábitos.
¿Sirve de algo medir el índice omega-3?
Es un marcador útil del segundo escalón. El índice omega-3 (EPA+DHA en la membrana del glóbulo rojo) refleja tu ingesta a largo plazo: un índice ≥8 % se asocia a la mayor protección cardiovascular y ≤4 % a la menor (Harris y Von Schacky, Preventive Medicine, 2004). Además, es fácil de modificar con la dieta.
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Esta es la tabla completa. La columna «rango deseable» no es un rango de laboratorio: es la zona en la que hay más consenso sobre que las cosas van bien, y en varios parámetros es más estrecha que el «normal» que te van a informar.
| Parámetro | Qué informa | Rango deseable |
|---|---|---|
| PCR ultrasensible | Actividad inflamatoria general | < 1 mg/L |
| Neutrófilos/linfocitos | Inflamación sistémica (del hemograma) | ≈ 1 – 2 |
| Ferritina | Depósitos de hierro y fase aguda | > 30 ng/mL, sin estar alta |
| HOMA-IR | Resistencia a la insulina | < 2 |
| HbA1c | Glucemia media de 3 meses | < 5,7 % |
| Triglicéridos / HDL | Perfil metabólico y tipo de LDL | < 2 |
| GGT / ALT | Estrés oxidativo e hígado graso | Mitad baja del rango |
| Ácido úrico | Componente metabólico | < 6 mg/dL (M) · < 7 (H) |
| Homocisteína | Daño endotelial y estado de vitaminas B | < 10 µmol/L |
| Vitamina D (25-OH) | Modulación inmunitaria | 30 – 50 ng/mL |
| Índice omega-3 | Equilibrio de grasas de la membrana | 8 – 12 % |
| TSH + T4 libre | Función tiroidea (diagnóstico diferencial) | TSH 0,4 – 4,0 mUI/L |
| Calprotectina fecal | Inflamación intestinal orgánica | < 50 µg/g |
Los rangos varían entre laboratorios y entre técnicas. Interpreta siempre con los valores de referencia que aparecen en tu informe, y con quien te atiende.
Cómo prepararte para que los valores sirvan
Media docena de detalles marcan la diferencia entre una analítica útil y una que hay que repetir:
- Ayuno de 8 a 12 horas, con agua permitida. Es imprescindible para glucosa, insulina y triglicéridos.
- No entrenes fuerte las 24-48 horas previas. Una sesión intensa eleva la PCR y la CK y puede hacerte creer que estás inflamado cuando solo estás con agujetas.
- Deja pasar dos o tres semanas desde una infección, una vacuna, una extracción dental o una cirugía menor. La PCR tarda ese tiempo en volver a su sitio.
- Nada de alcohol los tres días previos. Sube GGT y triglicéridos con una fidelidad sorprendente.
- Si tienes reglas abundantes, evita hacerte el hierro y la ferritina en los días inmediatamente posteriores a la menstruación.
- Lleva la lista de lo que tomas, medicación y suplementos, con dosis. La biotina a dosis altas interfiere en muchas determinaciones hormonales; los antiinflamatorios alteran la calprotectina; el protector de estómago cambia la B12.
- Repite siempre en el mismo laboratorio si vas a comparar. Cambiar de técnica entre dos analíticas mueve cifras sin que haya cambiado nada dentro de ti.
Cuatro errores frecuentes al leer los resultados
Confundir «normal» con «óptimo». Ya lo hemos visto: el rango describe a la población, no define la salud. Una ferritina de 32 y otra de 120 están las dos «dentro», y no significan lo mismo.
Sacar conclusiones de un valor aislado. Una PCR-us de 4 mg/L puede ser inflamación crónica o puede ser el resfriado de la semana pasada. Sin repetir, no se sabe.
Interpretar la ferritina alta como exceso de hierro. Es probablemente el error más caro de esta lista, porque lleva a gente a evitar el hierro cuando lo que tiene es inflamación.
Perseguir el número en lugar de la causa. Bajar la PCR no es el objetivo; el objetivo es corregir lo que la mantiene alta. Casi siempre está en el plato, en el sueño, en el movimiento, en el peso visceral y en el estrés sostenido, y sobre eso trata la guía de inflamación crónica. La dieta occidental y el estado de la microbiota intestinal explican buena parte del cuadro.
Y después, ¿qué?
Una analítica es una foto, no una película. Su valor real aparece cuando se repite: los mismos parámetros, en el mismo laboratorio, tres o cuatro meses después de haber cambiado algo concreto. Ese intervalo no es arbitrario, es el tiempo que tardan en moverse la HbA1c, el índice omega-3 y la ferritina.
Y conviene resistir la tentación de pedirlo todo de golpe. Empieza por el primer escalón, que en su mayoría te lo cubre tu médico de cabecera con una indicación razonable. Si ahí aparece algo, ya tienes el argumento para ampliar.
Aviso. Esta página tiene finalidad divulgativa y no constituye consejo médico, diagnóstico ni tratamiento. No modifiques tu medicación ni inicies suplementación por tu cuenta a partir de lo que leas aquí. Si algún valor te preocupa, coméntalo con tu médico o farmacéutico.
Si ya tienes la analítica en la mano y lo que te falta es saber qué hacer con ella —qué corregir primero, qué comer y qué tiene sentido suplementar en tu caso—, puedes empezar por la valoración nutricional personalizada.
