En breve: ¿los fármacos tipo Ozempic causan déficits nutricionales en adolescentes?
En un estudio de EE. UU. sobre 2.031 chicos de 10 a 17 años tratados con fármacos GLP-1, casi 1 de cada 6 (16,9 %) desarrolló algún déficit nutricional en el primer año —sobre todo de vitamina D—, y solo una minoría recibió asesoramiento de nutrición a tiempo. No es que el fármaco «robe» nutrientes: al reducir mucho el apetito, se come bastante menos, y si la dieta no se cuida, faltan micronutrientes clave (vitamina D, hierro, B12) y proteína. La lección no es dejar el tratamiento, sino acompañarlo desde el primer día de soporte nutricional.
Contenido de esta guía
Los fármacos agonistas del receptor GLP-1 (los que el público conoce por nombres como Ozempic o Wegovy) han pasado de ser un tratamiento para la diabetes a usarse cada vez más para la obesidad, también en menores. Funcionan, y para muchos adolescentes con obesidad grave son una herramienta útil. Pero un estudio publicado el 17 de septiembre de 2026 en la revista Childhood Obesity ha puesto el foco en un efecto que casi nadie estaba vigilando: cuando un chico o una chica come mucho menos durante meses, el riesgo no es solo perder músculo, sino quedarse corto de nutrientes justo en la etapa de mayor demanda de todo su desarrollo.
Qué encontró exactamente el estudio
El equipo, liderado por el investigador Justin R. Ryder (del Ann & Robert H. Lurie Children’s Hospital de Chicago y la Northwestern Feinberg School of Medicine), analizó una gran base de datos de reclamaciones médicas de EE. UU. (2017-2022, más de 100 millones de personas) e identificó a 2.031 pacientes de entre 10 y 17 años que empezaron un fármaco GLP-1 y no tenían ningún déficit nutricional previo. La edad media era de 15 años, el 61,5 % eran chicas y el 62,6 % tenían obesidad.
Los resultados, en cifras claras:
- 16,9 % desarrolló al menos un déficit nutricional (o una complicación relacionada) en el primer año de tratamiento. Es prácticamente 1 de cada 6.
- El más frecuente, con diferencia, fue el déficit de vitamina D (12,4 %). Le siguieron la anemia nutricional (1,55 %) y la anemia por déficit de hierro (1,44 %).
- Solo una minoría recibió apoyo nutricional a tiempo: alrededor del 5 % tuvo una consulta de nutrición en los primeros 30 días, y apenas el 23 % en los primeros seis meses. De media, la primera visita con un profesional de nutrición llegó casi cinco meses después de empezar el fármaco.
Como resumió el propio Dr. Ryder, «el apoyo nutricional tiene que jugar un papel esencial en cuanto se inicia el tratamiento con un fármaco GLP-1», y aboga por una gestión nutricional proactiva —desde el principio— en lugar de esperar a que el déficit ya aparezca en una analítica.
Un apunte importante: no era exactamente «Ozempic»
Aunque el titular hable de Ozempic (el nombre que todo el mundo reconoce), conviene la precisión: en este estudio la mayoría de los chicos tomaba liraglutida (78,6 %), seguida de dulaglutida (10,4 %) y solo un 9,1 % semaglutida —el principio activo de Ozempic y Wegovy—. Son fármacos de la misma familia (agonistas del receptor GLP-1) y comparten el mecanismo que aquí importa: reducen el apetito y enlentecen el vaciado del estómago. Si quieres entender cómo funcionan y qué diferencias hay entre ellos, lo desarrollamos en nuestra guía sobre los análogos de GLP-1 y el control del peso.
Por qué aparece el déficit: comes mucho menos, pero tu cuerpo pide igual
El malentendido más común es pensar que el fármaco «quita» o «quema» vitaminas. No es así. El mecanismo es más sencillo y por eso mismo se pasa por alto: estos medicamentos funcionan porque hacen que se coma bastante menos. Y cuando el volumen total de comida baja de golpe durante meses, todo lo que venía dentro de esa comida baja con él, incluidos los micronutrientes. Si además hay náuseas —un efecto secundario frecuente al principio—, la ingesta cae todavía más.
En un adulto esto ya es un tema a vigilar; en un adolescente lo es aún más, porque la adolescencia es la etapa de mayor demanda nutricional de toda la vida después del primer año. En esos años se construye buena parte de la masa ósea definitiva (que necesita calcio y vitamina D), se crece en altura y masa muscular (que necesita proteína) y, en las chicas, la menstruación aumenta las pérdidas de hierro. Comer menos «a ciegas» justo en ese momento es el peor escenario. De hecho, la pérdida rápida de peso con estos fármacos también se asocia a pérdida de masa magra (músculo) si no se protege activamente con proteína y ejercicio de fuerza, algo que ya sabíamos por los estudios en adultos.
El dato que parece contradictorio (y lo que de verdad significa)
Hay un hallazgo del estudio que despista si se lee deprisa: los pacientes que sí pasaron por consulta de nutrición tenían más déficits (23,2 %) que los que no fueron (14,8 %). ¿La nutrición es contraproducente? No. Es un ejemplo clásico de causalidad inversa: en la práctica, se derivaba al nutricionista cuando ya había un problema, no antes. Es decir, la consulta llegaba tarde, como respuesta a un déficit ya instalado, en vez de para prevenirlo. Justo por eso los autores insisten en el mensaje contrario: no esperar a que salte la alarma en la analítica, sino integrar el soporte nutricional desde el minuto uno.
Los nutrientes que conviene vigilar
A partir de este estudio y de lo que sabemos sobre las necesidades de la adolescencia, estos son los cuatro que merecen atención especial durante un tratamiento GLP-1:
- Vitamina D. Fue el déficit dominante (12,4 %). Es clave para el hueso y el sistema inmunitario, y ya de base es muy común quedarse corto en adolescentes. Cómo optimizarla la explicamos en la guía completa de vitamina D.
- Hierro. El motivo de las anemias del estudio. En las chicas con menstruación el riesgo es mayor. Si aparece cansancio, palidez o caída del cabello, conviene mirar la ferritina; lo tratamos a fondo en la guía sobre las anemias y su abordaje nutricional.
- Vitamina B12. Al reducirse el consumo de alimentos de origen animal (carne, huevo, lácteos, pescado), su aporte puede caer. Su déficit da fatiga y afecta a la sangre y al sistema nervioso.
- Proteína (y con ella el músculo). No es un micronutriente, pero es la primera prioridad para no perder masa magra durante la pérdida de peso. Hablamos de cuánta hace falta de verdad en la nueva pirámide alimentaria de 2026.
Si quieres una panorámica más amplia de qué carencias son las más frecuentes y cómo se corrigen, tenemos una guía dedicada a las deficiencias nutricionales más frecuentes en Europa y Latinoamérica.
Qué hacer: cubrir sin sabotear el tratamiento
La buena noticia es que este riesgo es en gran parte evitable, y no exige nada raro. La idea es sencilla: si vas a comer menos cantidad, que cada bocado cuente más. Estas son las medidas con más respaldo:
- Soporte nutricional desde el día 1, no cuando ya hay un problema. Es, literalmente, la conclusión del estudio.
- Priorizar la proteína en cada comida para proteger el músculo, combinada con algo de ejercicio de fuerza.
- Comidas pequeñas, frecuentes y densas en nutrientes (más verdura, fruta, legumbre, huevo, pescado y lácteos; menos ultraprocesado «vacío»).
- Subir la fibra poco a poco, para que el estómago —ya más lento por el fármaco— la tolere sin molestias.
- Analíticas de control de vitamina D, ferritina (hierro), B12 y hemograma, para actuar antes de que el déficit dé la cara.
Cuando la dieta sola no llega —algo habitual cuando el apetito está muy reducido—, entra en juego el apoyo dirigido. Una opción práctica para cubrir proteína y micronutrientes en poco volumen es un sustitutivo de comida rico en proteína de suero y fibra, que concentra en una sola toma lo que a veces cuesta comer entero. Para la carencia estrella del estudio, un aporte de vitamina D3 con magnesio biodisponible puede ayudar a restaurar niveles cuando la analítica lo confirma. Y como comodín de fondo, un concentrado de omega-3 de alta pureza con vitamina D apoya la función cerebral y cardiovascular durante la pérdida de peso. Importante: en menores, cualquier suplementación debe indicarla y supervisarla su pediatra, guiada por la analítica y nunca «por si acaso».
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La letra pequeña del estudio
Para leerlo con criterio, conviene tener en cuenta tres matices honestos. Primero, es un estudio observacional basado en datos de facturación médica, no un ensayo clínico: detecta asociaciones y patrones de atención, no relaciones de causa-efecto perfectas, y probablemente infraestima los déficits reales (solo cuenta los que se codificaron con un diagnóstico). Segundo, buena parte de los autores tienen vinculación con una empresa de nutrición clínica, algo que siempre conviene saber al valorar el énfasis en el soporte nutricional. Y tercero, el déficit que domina el resultado —la vitamina D— es ya muy frecuente en adolescentes con y sin estos fármacos, así que parte de ese 12,4 % refleja un problema de base de la población. Nada de esto invalida el mensaje central; solo lo pone en su sitio: son fármacos eficaces y aprobados, y el objetivo no es asustar, sino acompañarlos bien.
Preguntas frecuentes
¿El Ozempic o los fármacos GLP-1 «roban» nutrientes?
No de forma directa. No bloquean la absorción ni «queman» vitaminas. El déficit aparece porque reducen mucho el apetito y, al comer menos cantidad total durante meses, también baja el aporte de micronutrientes y proteína si la dieta no se cuida. Por eso la solución es nutricional, no dejar el fármaco.
¿Qué análisis conviene vigilar durante el tratamiento?
Los más útiles según este y otros trabajos son la vitamina D, la ferritina (reservas de hierro), la vitamina B12 y un hemograma para descartar anemia. En chicas con menstruación, el hierro merece atención extra. La pauta y la frecuencia las debe marcar el médico que lleva el tratamiento.
¿Basta con tomar un multivitamínico y listo?
No es el primer paso. Lo prioritario es asegurar proteína suficiente y comidas densas en nutrientes; el suplemento se añade de forma dirigida según lo que muestre la analítica, no «a ciegas». Y en menores de edad, cualquier suplementación debe indicarla y supervisarla su pediatra.
Entonces, ¿son malos estos fármacos para los adolescentes?
No es esa la conclusión. Son tratamientos eficaces y aprobados para la obesidad grave en esta edad, y pueden mejorar la salud de forma importante. El mensaje del estudio es distinto: hay que acompañarlos de soporte nutricional desde el principio para que la pérdida de peso no venga con una carencia escondida. Puedes ver cómo cuidar el cuerpo durante el tratamiento en nuestra guía sobre Ozempic, Mounjaro y Wegovy.

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- Kerr KW, Chang AT, Sulo S, Stutts JT, Panchalingam T, Ryder JR. Nutritional Deficiencies, Complications, and Nutrition Therapy/Counseling in Pediatric Patients Using GLP-1 Receptor Agonists. Childhood Obesity. 2026 (publicación anticipada en línea, 17 sep 2026). https://doi.org/10.1177/21532176261486979
- Kennedy C, Moyer K, Herdes RE. Dietary recommendations for pediatric and adolescent patients utilizing GLP-1 receptor agonists for weight management: A narrative review of current literature. Nutrition in Clinical Practice. 2025;41(1):30-41. https://doi.org/10.1002/ncp.11356
- Tinsley GM, Heymsfield SB. Fundamental Body Composition Principles Provide Context for Fat-Free and Skeletal Muscle Loss With GLP-1 RA Treatments. Journal of the Endocrine Society. 2024;8(11):bvae164. https://doi.org/10.1210/jendso/bvae164
- Haripriya H, Agrawal N, Kumar P, et al. Prevalence of Iron Deficiency and Iron Deficiency Anemia Among Adolescent Girls at a Tertiary Care Centre. Cureus. 2025;17(6):e87078. https://doi.org/10.7759/cureus.87078
Aviso médico
Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y educativo. No sustituye el consejo, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Los fármacos agonistas del receptor GLP-1 requieren prescripción y seguimiento médico, y cualquier decisión sobre iniciarlos, mantenerlos o suspenderlos —así como sobre analíticas y suplementación, muy especialmente en menores de edad— debe tomarse con el equipo médico y el pediatra correspondientes. No modifiques ningún tratamiento por tu cuenta a partir de esta lectura.
✔️ Contenido escrito y revisado por el Dr. Fernando Molina Sánchez, médico colegiado, según nuestro método editorial.