En breve: ¿Para qué sirve la vitamina D y quién necesita suplementarla?
La vitamina D es una prohormona esencial para la absorción de calcio, la inmunidad y la salud ósea, muscular, mental y cardiovascular. Su déficit afecta al 40-80 % de la población, sobre todo en invierno y en personas mayores, con piel oscura, con obesidad o con escasa exposición solar. Como la síntesis cutánea suele ser insuficiente, conviene medir la 25(OH)D en sangre y, si está baja, suplementar con vitamina D3, preferiblemente junto a vitamina K2.
Contenido de esta guía
La vitamina D es probablemente la deficiencia nutricional más extendida en el mundo occidental y, al mismo tiempo, una de las más ignoradas. Se estima que entre el 40 y el 80% de la población española tiene niveles insuficientes, una cifra que se dispara en invierno, en personas mayores y en quienes trabajan en interiores.
Llamarla “vitamina” es en realidad impreciso: la vitamina D es una prohormona que el propio organismo sintetiza cuando la piel se expone al sol, y que interviene en procesos tan distintos como la absorción de calcio, la regulación del sistema inmunológico, la salud mental, la función muscular y la prevención de enfermedades crónicas.
¿Qué es la vitamina D y por qué es única?
La vitamina D es una vitamina liposoluble que actúa como prohormona: el cuerpo la fabrica en la piel a partir del colesterol cuando recibe radiación ultravioleta B (UVB), y luego la transforma en su forma activa —el calcitriol— a través del hígado y los riñones. A diferencia de la mayoría de vitaminas, que solo se obtienen de la dieta, la vitamina D puede sintetizarse endógenamente, aunque en condiciones modernas de vida esto rara vez ocurre en cantidad suficiente.
Vitamina D2 vs vitamina D3
Existen dos formas principales: la vitamina D2 (ergocalciferol), de origen vegetal y fúngico, y la vitamina D3 (colecalciferol), de origen animal y la que el cuerpo produce naturalmente. La vitamina D3 es significativamente más eficaz para elevar y mantener los niveles séricos de 25(OH)D —el marcador que se mide en sangre— y es la forma recomendada tanto para suplementación como para fortalecer la dieta.
Funciones de la vitamina D en el organismo
El calcitriol (forma activa de la vitamina D) interactúa con receptores presentes en prácticamente todos los tejidos del cuerpo, lo que explica su amplia influencia en la salud.
Salud ósea y absorción de calcio
La función más conocida de la vitamina D es facilitar la absorción intestinal de calcio y fósforo, dos minerales esenciales para la formación y el mantenimiento del tejido óseo. Sin vitamina D suficiente, el cuerpo absorbe solo entre el 10 y el 15% del calcio de la dieta. Con niveles óptimos, esa absorción alcanza el 30-40%. La deficiencia prolongada conduce a raquitismo en niños y osteomalacia u osteoporosis en adultos.
Sistema inmunológico
La vitamina D modula tanto la inmunidad innata como la adaptativa. Activa los macrófagos y las células asesinas naturales, regula la respuesta inflamatoria y reduce el riesgo de enfermedades autoinmunes. El déficit de vitamina D se ha asociado con mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias, mayor incidencia de enfermedades autoinmunes como esclerosis múltiple, artritis reumatoide y diabetes tipo 1, y peor pronóstico en enfermedades infecciosas. El déficit estacional de vitamina D es uno de los factores modificables más importantes en la mayor vulnerabilidad a resfriados, gripe y otras infecciones respiratorias durante los meses fríos. Se aborda en detalle en la guía completa sobre defensas frente a infecciones respiratorias estacionales.
Salud mental y función cognitiva
Los receptores de vitamina D están presentes en el cerebro, incluyendo áreas relacionadas con el estado de ánimo y la cognición. El déficit se ha relacionado con mayor riesgo de depresión, trastorno afectivo estacional, deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer. La suplementación en personas con déficit y sintomatología depresiva ha mostrado mejoras en múltiples ensayos clínicos.
Regulación inflamatoria
La vitamina D inhibe la producción de citoquinas proinflamatorias y favorece las antiinflamatorias. Su déficit es uno de los factores más comúnmente asociados a la inflamación crónica de bajo grado, que a su vez es el sustrato de múltiples enfermedades modernas. Consulta nuestra guía completa sobre inflamación crónica para entender esta conexión en profundidad. La vitamina D también regula la diferenciación de queratinocitos, la inmunidad cutánea y la cicatrización. Su papel dentro de una estrategia integral de piel se desarrolla en la guía completa sobre envejecimiento cutáneo y nutricosmética.
Función muscular y prevención de caídas
La vitamina D es necesaria para la contracción muscular normal y el mantenimiento de la masa muscular. Su déficit se asocia con debilidad muscular, fatiga, mayor riesgo de caídas y fractura en personas mayores. La suplementación en adultos con déficit reduce significativamente el riesgo de caídas.
Salud cardiovascular y metabólica
El déficit de vitamina D se asocia con mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. La vitamina D regula la secreción de insulina, la sensibilidad a la insulina y la función del endotelio vascular.
El déficit de vitamina D: un problema silencioso y extendido
La deficiencia de vitamina D es una de las condiciones nutricionales más prevalentes del mundo, incluso en países con muchas horas de sol como España. La razón es que la síntesis cutánea depende de múltiples factores que en la vida moderna rara vez se dan de forma óptima.
Síntomas del déficit
El déficit leve o moderado suele ser asintomático o manifestarse con síntomas inespecíficos que fácilmente se atribuyen a otras causas:
- Fatiga y cansancio persistente sin causa aparente
- Dolores óseos y musculares difusos
- Debilidad muscular, especialmente en piernas
- Infecciones frecuentes o recuperación lenta
- Estado de ánimo bajo, ansiedad o depresión
- Niebla mental y dificultad de concentración
- Caída del cabello
- Cicatrización lenta de heridas
El déficit de vitamina D raramente viene solo: con frecuencia coexiste con déficits de B12, magnesio o vitamina C que comparten síntomas como fatiga, niebla mental o caída del cabello. Lo desarrollamos en la guía sobre déficit de vitaminas y sus síntomas.
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Factores que favorecen el déficit de vitamina D
Escasa exposición solar
La principal causa del déficit es la falta de exposición solar. Pasar la mayor parte del día en interiores, usar factor de protección solar alto de forma continuada o vivir en latitudes donde el ángulo del sol en invierno impide la síntesis cutánea son los factores más determinantes. En España, entre octubre y marzo la radiación UVB es insuficiente para sintetizar vitamina D incluso con exposición directa.
Fototipo de piel oscura
La melanina actúa como filtro natural de la radiación UVB. Las personas con piel oscura necesitan entre 3 y 5 veces más tiempo de exposición solar para sintetizar la misma cantidad de vitamina D que una persona con piel clara. Esto explica por qué el déficit es especialmente prevalente en poblaciones inmigrantes de países tropicales que residen en latitudes norteñas.
Edad avanzada
La capacidad de la piel para sintetizar vitamina D disminuye significativamente con la edad: a los 70 años, la piel produce hasta un 75% menos de vitamina D que a los 20 ante la misma exposición solar. Además, los riñones pierden eficiencia para activar la vitamina D. Por ello, las personas mayores de 65 años tienen un riesgo especialmente elevado de deficiencia.
Obesidad
La vitamina D es liposoluble y se acumula en el tejido adiposo. En personas con exceso de grasa corporal, la vitamina D queda “atrapada” en el tejido adiposo y no está disponible para el organismo, lo que requiere dosis de suplementación significativamente mayores para alcanzar niveles óptimos.
Dieta pobre en vitamina D
Muy pocos alimentos contienen vitamina D de forma natural en cantidades significativas. Las dietas bajas en pescado azul, huévos y productos lácteos dificultan cubrir los requerimientos solo con la alimentación.
Problemas de absorción intestinal
Enfermedades como la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y otras condiciones que afectan a la absorción de grasas reducen la absorción de vitamina D, ya que es liposoluble.
Cómo medir los niveles de vitamina D
La forma de evaluar el estado de vitamina D es mediante un análisis de sangre que mide la 25-hidroxivitamina D [25(OH)D], el marcador más representativo del estado nutricional global. Los niveles se expresan en ng/mL o nmol/L (para convertir: 1 ng/mL = 2,5 nmol/L).
Los rangos de referencia generalmente aceptados son: déficit grave por debajo de 10 ng/mL, déficit moderado entre 10 y 20 ng/mL, insuficiencia entre 20 y 30 ng/mL, niveles óptimos entre 40 y 60 ng/mL, y niveles potencialmente tóxicos por encima de 100 ng/mL. Muchas analíticas convencionales marcan como “normal” cualquier valor por encima de 20 ng/mL, lo que puede infradiagnosticar la insuficiencia.
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La dieta puede contribuir a los niveles de vitamina D, aunque rara vez es suficiente por sí sola para mantener niveles óptimos. Las fuentes más ricas son:
Fuentes animales (vitamina D3)
El pescado azul graso es la fuente alimentaria más rica: el salmón silvestre aporta entre 600 y 1000 UI por ración, la caballa entre 300 y 500 UI, el arenque hasta 1600 UI y las sardinas en conserva alrededor de 300 UI. El aceite de hígado de bacalao contiene aproximadamente 450 UI por cucharada y es la fuente alimentaria más concentrada. Los huévos (especialmente la yema) aportan entre 40 y 50 UI por unidad. El hígado de res aporta unas 50 UI por ración.
Fuentes vegetales y alimentos enriquecidos
Las setas y champiñones expuestos al sol pueden contener cantidades variables de vitamina D2. Los alimentos enriquecidos (leche, bebidas vegetales, cereales) aportan cantidades modestas. Para personas vegetarianas o veganas, la suplementación con vitamina D3 derivada de líquenes es la opción más eficaz.
La exposición solar: la fuente principal
La exposición solar directa es la forma más eficiente de obtener vitamina D. Una exposición de 15-30 minutos al sol de mediodía con brazos y piernas descubiertos puede generar entre 10.000 y 20.000 UI en una persona de piel clara en verano. Sin embargo, el cristal bloquea el 100% de la UVB, los protectores solares con factor superior a 15 reducen la síntesis en más del 95%, y en invierno en toda la península ibérica el ángulo solar impide la síntesis cutánea durante meses.
La clave está en el equilibrio: 10-20 minutos diarios sin protección solar en las horas centrales del día durante primavera y verano es suficiente para la mayoría de personas de piel clara, antes de aplicar el filtro.
Suplementación con vitamina D: cuándo y cómo
La suplementación es necesaria en la mayoría de personas que viven en climas templados o fríos, trabajan en interiores, son mayores de 60 años o tienen niveles séricos por debajo de 40 ng/mL. No es un lujo: es una medida preventiva ampliamente respaldada por la evidencia.
Dosis recomendadas
Para mantenimiento general en adultos sin déficit, entre 1.000 y 2.000 UI diarias. Para personas con insuficiencia (20-30 ng/mL), entre 2.000 y 4.000 UI diarias. Para déficit moderado o grave (menos de 20 ng/mL), pueden necesitarse dosis de 4.000 a 10.000 UI durante varias semanas, siempre bajo control médico.
Vitamina D3 con vitamina K2
La vitamina D aumenta la absorción de calcio, pero la vitamina K2 es necesaria para dirigir ese calcio hacia los huesos y evitar que se deposite en las arterias. Por eso, cuando se suplementa con vitamina D3 en dosis altas (2.000 UI o más), es recomendable combinarla con vitamina K2 (forma MK-7, la más biodisponible).
Cómo y cuándo tomar la vitamina D
Al ser liposoluble, la vitamina D se absorbe mucho mejor cuando se toma con la comida más grasa del día. Tomada en ayunas puede reducir su absorción hasta un 50%. Un multivitamínico completo que incluya vitamina D3, K2 y magnesio puede ser una forma práctica de cubrir varios micronutrientes simultáneamente.
Estas dosis son orientativas y solo se afinan de verdad con un dato tuyo: tu 25(OH)D de partida. También cuentan el peso corporal, la estación del año y la medicación —los anticoagulantes cumarínicos condicionan el uso de K2, y los corticoides o los antiepilépticos aceleran su metabolismo—. Si prefieres partir de tus valores en lugar de una cifra estándar, puedes solicitar una valoración nutricional individualizada: es gratuita y la recibes en 24 a 48 horas.
Vitamina D e inflamación crónica
La relación entre vitamina D e inflamación crónica es bidireccional: el déficit de vitamina D favorece la inflamación, y la inflamación crónica puede reducir la conversión de vitamina D en su forma activa. Es uno de los círculos viciosos más documentados en patología nutricional. Corregir el déficit de vitamina D es una de las intervenciones más simples y de mayor impacto para reducir la carga inflamatoria del organismo.
Vitamina D y microbiota intestinal
La investigación reciente ha revelado una conexión importante entre la vitamina D y la microbiota intestinal. La vitamina D regula la permeabilidad de la barrera intestinal, modula la respuesta inmune del intestino y favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas. Un déficit de vitamina D se asocia con mayor permeabilidad intestinal, disbiosis y mayor riesgo de enfermedades inflamatorias del intestino. Consulta nuestra guía completa de la microbiota intestinal para entender cómo estas dos variables se influyen mutuamente.
Vitamina D y longevidad
Los niveles óptimos de vitamina D se asocian en estudios epidemiológicos con menor mortalidad por todas las causas, menor riesgo de cáncer, mejor función inmunológica en la vejez y mayor preservación de la masa muscular y ósea. Puedes profundizar en cómo integrar la vitamina D en una estrategia global de longevidad en nuestra guía completa sobre longevidad.
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Conclusión
La vitamina D es mucho más que una vitamina para los huesos. Es una prohormona que regula cientos de genes y procesos biológicos, desde la inmunidad y la inflamación hasta la salud mental y el metabolismo. Su déficit es silencioso, extendido y corregible.
La estrategia óptima combina exposición solar moderada durante primavera y verano, una dieta que incluya pescado azul y huévos con regularidad, y suplementación con vitamina D3 junto a K2 durante otoño e invierno o de forma continuada si los niveles analíticos lo indican. Medir los niveles al menos una vez al año es la única forma de saber dónde estás y ajustar correctamente. Si quieres profundizar en la nutrición para la salud inmunológica y la longevidad, te recomendamos el libro El poder de los micronutrientes.
La vitamina D es una pieza del fondo de micronutrientes dentro de este protocolo nutricional con evidencia para reconstruir la salud desde la raíz.
Preguntas frecuentes sobre la vitamina D
¿Qué nivel de vitamina D en sangre se considera óptimo?
El estado se evalúa midiendo la 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] en sangre. Se considera déficit grave por debajo de 10 ng/mL, déficit moderado entre 10 y 20, insuficiencia entre 20 y 30, y niveles óptimos entre 40 y 60 ng/mL. Muchas analíticas marcan como normal cualquier valor superior a 20, lo que puede ocultar una insuficiencia real.
¿Por qué conviene combinar la vitamina D3 con vitamina K2?
La vitamina D aumenta la absorción de calcio, pero es la vitamina K2 la que dirige ese calcio hacia los huesos y evita que se deposite en las arterias. Por eso, cuando se suplementa con dosis altas de vitamina D3 (2.000 UI o más), es recomendable acompañarla de vitamina K2 en su forma MK-7, la más biodisponible.
¿Basta con tomar el sol para obtener vitamina D en invierno?
En la mayor parte de España, no. Entre octubre y marzo el ángulo del sol reduce la radiación UVB por debajo del umbral necesario para sintetizar vitamina D, aunque la exposición sea directa. Además, el cristal bloquea toda la UVB y los protectores solares altos reducen mucho la síntesis. En esos meses, la dieta y la suplementación cobran protagonismo.
✔️ Contenido escrito y revisado por el Dr. Fernando Molina Sánchez, médico colegiado, según nuestro método editorial.
