Faringitis aguda y crónica: causas, síntomas y cómo aliviarla según la evidencia

El dolor de garganta es uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria y una de las molestias más universales: casi todos lo hemos sentido alguna vez. Detrás de ese ardor al tragar suele haber una faringitis, es decir, la inflamación de la faringe. La mayoría de las veces es un cuadro banal que se resuelve solo en unos días, pero conviene saber diferenciar cuándo se trata de una infección pasajera, cuándo hay que sospechar una causa bacteriana y cuándo la molestia se cronifica y esconde otro problema de fondo.

En esta guía repasamos, con la evidencia disponible, qué es la faringitis aguda y la crónica, cómo se distinguen las causas virales de las bacterianas, qué señales deben ponernos en alerta, qué medidas de alivio tienen respaldo científico y cómo el estado de nuestras defensas y de la microbiota influye en las infecciones de garganta de repetición.

Qué es la faringitis

La faringe es el conducto muscular que conecta la parte posterior de la nariz y la boca con la laringe y el esófago. Cuando su mucosa se inflama —por una infección, una irritación o un proceso de otro tipo— aparece la faringitis, que se manifiesta como dolor o escozor de garganta, molestia al tragar (odinofagia), sensación de sequedad o de cuerpo extraño y, a veces, enrojecimiento visible del fondo de la garganta.

Se distinguen dos grandes formas según su duración y su origen. La faringitis aguda es un cuadro de inicio brusco y corta duración, casi siempre infeccioso, que se resuelve en días. La faringitis crónica es una irritación persistente o recurrente de la mucosa faríngea, que dura semanas o meses y suele responder a causas no infecciosas: reflujo, tabaco, aire seco o alergias, entre otras.

Faringitis aguda: por qué aparece

La inmensa mayoría de las faringitis agudas son de origen viral. Los mismos virus responsables del resfriado común y de los cuadros gripales —rinovirus, coronavirus estacionales, adenovirus, virus influenza y parainfluenza, entre otros— inflaman la garganta como parte de una infección respiratoria más amplia. En estos casos el dolor de garganta suele acompañarse de mocos, tos, estornudos, ronquera o conjuntivitis, y no necesita antibióticos porque estos no actúan sobre los virus.

Una minoría de casos son de origen bacteriano. La bacteria más relevante es el Streptococcus pyogenes o estreptococo del grupo A, causante de la faringitis estreptocócica. Según una revisión sobre el manejo de este cuadro, la faringitis estreptocócica se presenta típicamente con fiebre, dolor de garganta intenso, placas o exudado en las amígdalas y ganglios dolorosos en el cuello, y sin los síntomas catarrales propios de las virales. Aunque la mayoría de estos episodios también se resuelven solos, el tratamiento antibiótico busca acortar los síntomas y, sobre todo, prevenir complicaciones poco frecuentes pero potencialmente graves como la fiebre reumática, especialmente en niños y en zonas de alta incidencia (Gottlieb y colaboradores, J Emerg Med, 2018).

¿Es viral o bacteriana? Lo que dice la evidencia

Distinguir a simple vista una faringitis viral de una estreptocócica es difícil, porque comparten muchos síntomas. Para orientar esa decisión, los médicos utilizan escalas de puntuación clínica como los criterios de Centor (y su modificación de McIsaac), que suman puntos por la presencia de fiebre, exudado amigdalar, ganglios cervicales dolorosos y ausencia de tos, ajustando según la edad.

Estas escalas ayudan a decidir a quién conviene hacer una prueba de detección del estreptococo (test rápido de antígeno o cultivo faríngeo) o a quién tratar, pero tienen límites importantes. Una revisión sistemática y metanálisis reciente concluyó que los scores de Centor y McIsaac son, por sí solos, poco fiables para decidir qué pacientes necesitan realmente antibióticos: con umbrales altos se escapan casos verdaderos y con umbrales bajos se tratan demasiados falsos positivos, lo que favorece la sobreprescripción (Kanagasabai y colaboradores, Clin Microbiol Infect, 2024). Por eso las guías recomiendan apoyar la decisión en una prueba microbiológica cuando la sospecha clínica es intermedia o alta, en lugar de tratar solo por la impresión clínica.

El mensaje práctico es claro: el dolor de garganta, por intenso que sea, no implica automáticamente que hagan falta antibióticos. La mayoría de las faringitis mejoran con medidas de alivio, y reservar los antibióticos para los casos con confirmación o alta probabilidad de estreptococo es también una forma de proteger su eficacia frente a la resistencia bacteriana.

Síntomas y señales de alarma

La faringitis aguda no complicada cursa con dolor de garganta, molestia al tragar, enrojecimiento faríngeo y, según la causa, fiebre o síntomas catarrales. Suele mejorar de forma progresiva en tres a siete días.

Existen, sin embargo, cuadros que se parecen a una faringitis banal pero que requieren atención médica urgente. La revisión de Gottlieb y colaboradores describe varios de estos ‘imitadores’: la mononucleosis infecciosa (fatiga marcada, ganglios generalizados, amígdalas muy grandes), la epiglotitis, el absceso periamigdalino y otros procesos del espacio profundo del cuello. Conviene buscar valoración médica sin demora si aparecen: dificultad para respirar o para tragar la propia saliva, voz ‘de patata caliente’ o babeo, imposibilidad de abrir bien la boca, hinchazón marcada de un lado del cuello, fiebre muy alta que no cede, o un dolor que empeora en lugar de mejorar tras varios días.

Cómo se alivia la faringitis aguda

En la faringitis viral —la más frecuente— el objetivo es aliviar los síntomas mientras el cuerpo resuelve la infección. Medidas sencillas como mantener una buena hidratación, descansar, humidificar el ambiente, evitar el humo del tabaco y tomar líquidos tibios ayudan a sobrellevar el cuadro. Los analgésicos y antiinflamatorios habituales, así como algunos anestésicos tópicos en forma de pastillas o espráis, reducen el dolor de garganta.

Además, algunos remedios de apoyo cuentan con respaldo en la literatura:

  • Miel. Una revisión sistemática con metanálisis encontró que la miel mejoraba los síntomas de las infecciones respiratorias de vías altas —incluida la frecuencia y la intensidad de la tos— frente al tratamiento habitual, y la plantean como una alternativa barata y accesible para el alivio sintomático (Abuelgasim y colaboradores, BMJ Evid Based Med, 2021). No debe darse miel a menores de un año.
  • Zinc. En el contexto del resfriado común, un metanálisis de datos individuales observó que las pastillas de acetato de zinc podían acortar la duración de los síntomas de forma apreciable frente a placebo (Hemilä y colaboradores, Br J Clin Pharmacol, 2016). Su papel es de apoyo sintomático, no curativo.
  • Gárgaras y humedad. Las gárgaras con agua salada tibia y mantener las mucosas hidratadas son medidas tradicionales, de bajo riesgo, que ayudan a calmar la irritación local.

Estas medidas alivian, pero no sustituyen la valoración médica cuando hay señales de alarma o sospecha de infección bacteriana.

Faringitis crónica: cuando la garganta no termina de curarse

Hablamos de faringitis crónica cuando la irritación de garganta persiste o reaparece durante semanas o meses. A diferencia de la aguda, aquí las causas suelen ser no infecciosas, y el error frecuente es tratarla una y otra vez con antibióticos sin identificar el verdadero desencadenante. Una revisión sobre faringitis crónica estreptocócica y no estreptocócica subraya precisamente la necesidad de considerar causas no infecciosas cuando el cuadro se cronifica (Murray y Chennupati, Infect Disord Drug Targets, 2012).

Entre los factores implicados con más frecuencia están:

  • Reflujo faringolaríngeo. El ascenso de contenido ácido del estómago hasta la garganta irrita la mucosa faríngea y produce carraspera, sensación de nudo (globo faríngeo), tos seca y necesidad constante de aclarar la garganta, a menudo sin ardor de estómago típico.
  • Tabaco y contaminantes. El humo —propio o ambiental— y la exposición a polvo, vapores o aire muy contaminado inflaman de forma sostenida la mucosa.
  • Aire seco y respiración bucal. Los ambientes con calefacción o aire acondicionado, así como respirar por la boca durante el sueño, resecan la faringe y la vuelven más vulnerable.
  • Goteo posnasal y alergias. La rinitis alérgica o la sinusitis crónica hacen que la mucosidad gotee hacia la garganta, manteniendo la irritación.
  • Uso excesivo de la voz y ciertos irritantes ocupacionales.

El abordaje de la faringitis crónica pasa por identificar y corregir la causa: dejar de fumar, tratar el reflujo y controlar la alimentación que lo desencadena, humidificar el ambiente, manejar las alergias y evitar los irritantes. Cuando el cuadro se acompaña de una inflamación persistente de bajo grado, cuidar el terreno de fondo —la alimentación, el descanso y el estado inmunitario— también forma parte del tratamiento. Puedes profundizar en este punto en nuestra guía sobre la inflamación crónica y cómo reducirla con la alimentación.

Defensas, microbiota y garganta: el terreno importa

Las infecciones de garganta de repetición no dependen solo del germen, sino también del estado de nuestras defensas. Varios nutrientes y el equilibrio de la microbiota se han estudiado en relación con la frecuencia y la duración de las infecciones respiratorias de vías altas, que incluyen buena parte de las faringitis. No sustituyen al tratamiento médico, pero sí ayudan a cuidar el terreno.

La vitamina D es uno de los factores más estudiados. Un metanálisis de datos individuales de 25 ensayos clínicos (más de 11.000 participantes) concluyó que la suplementación con vitamina D reducía el riesgo de infección respiratoria aguda, con un beneficio mayor en quienes partían de niveles muy bajos y cuando se administraba de forma diaria o semanal en lugar de en dosis únicas muy altas (Martineau y colaboradores, BMJ, 2017). En zonas y estaciones de baja exposición solar, restaurar niveles con un aporte de vitamina D3 junto con magnesio biodisponible —el cofactor que ayuda a activar la vitamina— es una medida razonable en personas con déficit. Tienes el detalle en nuestra guía completa sobre la vitamina D.

Más allá de la vitamina D, otros micronutrientes se han asociado con un mejor curso de las infecciones respiratorias. Una revisión sistemática halló que la vitamina C, la vitamina D y el zinc podían contribuir modestamente a prevenir estas infecciones o a acortar su duración en adultos (Abioye y colaboradores, BMJ Glob Health, 2021). En este contexto, cuando el objetivo es reforzar las defensas frente a infecciones recurrentes, resulta interesante un inmunomodulador con betaglucanos 1-3, 1-6 acompañados de vitamina D3 y vitamina C, ingredientes con un papel reconocido en la respuesta inmune innata.

El eje intestino-inmunidad aporta otra pieza clave. Una revisión Cochrane concluyó que los probióticos, comparados con placebo, reducían el número de personas que sufrían infecciones respiratorias de vías altas, acortaban la duración de los episodios y disminuían el uso de antibióticos, aunque la calidad de la evidencia fuera baja (Hao y colaboradores, Cochrane Database Syst Rev, 2015). En la misma línea, cepas de Streptococcus salivarius K12 administradas por vía oral se han estudiado como estrategia para reducir episodios de faringoamigdalitis de repetición en niños con historia de infecciones recurrentes, con resultados prometedores aunque necesitados de más ensayos de calidad (Di Pierro y colaboradores, Drug Healthc Patient Saf, 2014; Wilcox y colaboradores, Clin Microbiol Infect, 2019). Cuidar la flora intestinal con un prebiótico con mezcla de fibras solubles e insolubles es una forma sencilla de alimentar a las bacterias beneficiosas que sostienen esta respuesta inmune.

Por último, en la faringitis crónica de fondo inflamatorio conviene atender al equilibrio entre grasas proinflamatorias y antiinflamatorias de la dieta. Los ácidos grasos omega-3 son precursores de mediadores que ayudan a resolver la inflamación, y mantener un buen aporte de un concentrado de omega-3 de alta pureza forma parte de ese cuidado del terreno. Si quieres entender mejor su papel, lo desarrollamos en nuestra guía completa sobre los omega-3.

Consejos prácticos para cuidar la garganta

Tanto si tiendes a las faringitis agudas de repetición como si arrastras una irritación crónica, estos hábitos ayudan a mantener la mucosa faríngea sana:

  • Mantén una hidratación generosa a lo largo del día; el agua conserva húmeda la mucosa y facilita su defensa.
  • Humidifica los ambientes secos, sobre todo en invierno con calefacción o en habitaciones con aire acondicionado.
  • Evita el humo del tabaco, activo y pasivo, y en lo posible los ambientes muy contaminados.
  • Cuida el reflujo: cena temprano y ligero, no te acuestes justo después de comer y limita alcohol, café y comidas muy grasas o picantes si notas carraspera nocturna.
  • Lávate las manos con frecuencia y ventila los espacios cerrados para reducir el contagio de virus respiratorios.
  • Descansa y cuida el sueño: la falta de descanso debilita la respuesta inmune.
  • Mantén una alimentación variada, rica en vegetales, con suficiente vitamina D, vitamina C y zinc, y cuida tu microbiota intestinal.

Cuándo acudir al médico

Consulta con un profesional sanitario si el dolor de garganta es muy intenso o dura más de una semana sin mejorar, si hay fiebre alta persistente, placas o exudado en las amígdalas con ganglios muy dolorosos, si notas dificultad para respirar o tragar, babeo, cambios en la voz o hinchazón del cuello, o si las faringitis se repiten con mucha frecuencia. También conviene valorar médicamente la carraspera o la sensación de nudo en la garganta que persiste durante semanas, para descartar reflujo u otras causas.

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Preguntas frecuentes

¿La faringitis necesita siempre antibióticos?

No. La mayoría de las faringitis son virales y no responden a los antibióticos; se tratan con medidas de alivio. Los antibióticos se reservan para los casos con confirmación o alta sospecha de infección por estreptococo del grupo A, según el criterio médico.

¿Cómo sé si es estreptococo?

La forma fiable de saberlo es con una prueba de detección (test rápido de antígeno o cultivo faríngeo). Las escalas clínicas como Centor o McIsaac orientan, pero no bastan por sí solas para confirmar o descartar la infección.

¿Por qué tengo la garganta irritada de forma continua?

Una irritación persistente suele deberse a causas no infecciosas: reflujo faringolaríngeo, tabaco, aire seco, respiración bucal, goteo posnasal o alergias. Identificar y corregir el desencadenante es la clave del tratamiento.

¿Sirve de algo cuidar las defensas y la microbiota?

La evidencia sugiere que un buen estado de vitamina D, ciertos micronutrientes y el equilibrio de la microbiota pueden reducir la frecuencia y la duración de las infecciones respiratorias de vías altas. Son medidas de apoyo que cuidan el terreno, no un tratamiento de la infección aguda.

Conclusión

La faringitis es casi siempre un proceso benigno: en su forma aguda suele ser viral y se resuelve sola con medidas de alivio, y solo una minoría —bacteriana— justifica antibióticos, idealmente tras confirmarlo con una prueba. Cuando la molestia se cronifica, el foco debe pasar de ‘matar un germen’ a encontrar y corregir la causa: reflujo, tabaco, ambiente seco o alergias. En el fondo de todo está el terreno: unas defensas bien cuidadas, una microbiota equilibrada y una alimentación antiinflamatoria hacen que la garganta enferme menos y se recupere antes. Ante señales de alarma o cuadros que se repiten, la valoración médica es siempre el mejor punto de partida.

Referencias científicas

1. Gottlieb M, Long B, Koyfman A. Clinical Mimics: An Emergency Medicine-Focused Review of Streptococcal Pharyngitis Mimics. J Emerg Med. 2018;54(5):619-629. doi:10.1016/j.jemermed.2018.01.031
2. Kanagasabai A, Evans C, Jones HE, et al. Systematic review and meta-analysis of the accuracy of McIsaac and Centor score in patients presenting to secondary care with pharyngitis. Clin Microbiol Infect. 2024;30(4):445-452. doi:10.1016/j.cmi.2023.12.025
3. Murray RC, Chennupati SK. Chronic streptococcal and non-streptococcal pharyngitis. Infect Disord Drug Targets. 2012;12(4):281-285. doi:10.2174/187152612801319311
4. Chan AMW, Au WWY, Chao DVK, et al. Antibiotic management of acute pharyngitis in primary care. Hong Kong Med J. 2019;25(1):58-63. doi:10.12809/hkmj187544
5. Martineau AR, Jolliffe DA, Hooper RL, et al. Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory tract infections: systematic review and meta-analysis of individual participant data. BMJ. 2017;356:i6583. doi:10.1136/bmj.i6583
6. Abioye AI, Bromage S, Fawzi W. Effect of micronutrient supplements on influenza and other respiratory tract infections among adults: a systematic review and meta-analysis. BMJ Glob Health. 2021;6(1):e003176. doi:10.1136/bmjgh-2020-003176
7. Hemilä H, Petrus EJ, Fitzgerald JT, Prasad A. Zinc acetate lozenges for treating the common cold: an individual patient data meta-analysis. Br J Clin Pharmacol. 2016;82(5):1393-1398. doi:10.1111/bcp.13057
8. Abuelgasim H, Albury C, Lee J. Effectiveness of honey for symptomatic relief in upper respiratory tract infections: a systematic review and meta-analysis. BMJ Evid Based Med. 2021;26(2):57-64. doi:10.1136/bmjebm-2020-111336
9. Hao Q, Dong BR, Wu T. Probiotics for preventing acute upper respiratory tract infections. Cochrane Database Syst Rev. 2015;(2):CD006895. doi:10.1002/14651858.CD006895.pub3
10. Di Pierro F, Colombo M, Zanvit A, Risso P, Rottoli AS. Use of Streptococcus salivarius K12 in the prevention of streptococcal and viral pharyngotonsillitis in children. Drug Healthc Patient Saf. 2014;6:15-20. doi:10.2147/DHPS.S59665
11. Wilcox CR, Stuart B, Leaver H, et al. Effectiveness of the probiotic Streptococcus salivarius K12 for the treatment and/or prevention of sore throat: a systematic review. Clin Microbiol Infect. 2019;25(6):673-680. doi:10.1016/j.cmi.2018.12.031

Aviso médico: este artículo tiene carácter meramente informativo y educativo y no sustituye el consejo, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Consulta siempre con tu médico ante cualquier síntoma o antes de iniciar cualquier suplementación, especialmente si tienes patologías previas, estás embarazada o tomas medicación.

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