Las hemorroides —también conocidas como almorranas— son venas dilatadas e inflamadas en el canal anal y el recto que causan molestias, sangrado, dolor y, en casos severos, prolapso (protrusión fuera del ano). Esta condición afecta a un porcentaje significativo de la población adulta: según PubMed, un reciente metaanálisis de 2025 que incluyó 150 estudios con casi 9 millones de participantes encontró que la prevalencia global de hemorroides es del 25.92%, con una prevalencia a lo largo de la vida del 27.19%.
Aunque las hemorroides son frecuentes y suelen ser benignas, pueden impactar significativamente la calidad de vida debido al dolor, la incomodidad al defecar, el sangrado rectal y, en ocasiones, la vergüenza asociada a los síntomas. Los factores de riesgo más importantes incluyen el estreñimiento crónico, una dieta baja en fibra, el embarazo, la obesidad, el sedentarismo y los esfuerzos excesivos al defecar.
Afortunadamente, las hemorroides son una condición manejable y, en muchos casos, prevenible mediante cambios dietéticos, mejoras en los hábitos intestinales y modificaciones del estilo de vida. En este artículo abordaremos de forma integral qué son las hemorroides, cuáles son sus causas, cómo se diagnostican, y qué estrategias nutricionales y médicas, respaldadas por la evidencia científica más reciente, pueden ayudar tanto en su prevención como en su tratamiento.
¿Qué son las hemorroides?
Las hemorroides son estructuras vasculares normales presentes en el canal anal de todas las personas. Consisten en cojinetes de tejido vascular —arterias, venas y tejido conectivo— que ayudan a mantener la continencia fecal al contribuir al sellado completo del ano.
El problema surge cuando estas estructuras se dilatan, inflaman y congestionan debido a un aumento crónico de la presión venosa en la zona. Cuando esto ocurre, las hemorroides pasan de ser estructuras fisiológicas normales a convertirse en una condición sintomática conocida como enfermedad hemorroidal.
Tipos de hemorroides
Hemorroides internas: Se localizan por encima de la línea dentada (el límite entre el canal anal y el recto), están cubiertas por mucosa rectal y generalmente no duelen porque esta zona no tiene inervación somática sensible al dolor. Sin embargo, pueden sangrar y, si se agrandan mucho, pueden prolapsar (salir) a través del ano.
Se clasifican en grados:
- Grado I: No prolapsan, solo sangran.
- Grado II: Prolapsan durante la defecación pero se reducen espontáneamente.
- Grado III: Prolapsan y requieren reducción manual.
- Grado IV: Prolapsan permanentemente y no se pueden reducir.
Hemorroides externas: Se localizan por debajo de la línea dentada, están cubiertas por piel (anodermo) y sí tienen inervación sensorial, por lo que pueden ser muy dolorosas, especialmente si se trombosan (forman un coágulo interno).
Causas y factores de riesgo
Según PubMed, una revisión de 2021 sobre factores de riesgo en enfermedad hemorroidal analiza la evidencia sobre las principales causas:
Estreñimiento crónico
El esfuerzo excesivo y prolongado al defecar aumenta la presión intraabdominal y la congestión venosa en el plexo hemorroidal. Las heces duras y secas, características del estreñimiento, requieren mayor esfuerzo para su expulsión, perpetuando el problema. Como explicamos en nuestro artículo sobre fibra insoluble y prevención del estreñimiento, una dieta baja en fibra es uno de los principales factores dietéticos que contribuyen al estreñimiento.
Dieta baja en fibra
Una alimentación pobre en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales reduce el volumen y la consistencia de las heces, favoreciendo el estreñimiento y, con ello, el desarrollo de hemorroides.
Embarazo y parto
Durante el embarazo, el útero en crecimiento comprime las venas pélvicas, dificultando el retorno venoso y favoreciendo la congestión hemorroidal. Además, los cambios hormonales relajan las paredes venosas. El esfuerzo durante el parto vaginal puede empeorar las hemorroides preexistentes o provocar su aparición.
Obesidad y sobrepeso
El exceso de peso corporal aumenta la presión intraabdominal y pélvica, lo que dificulta el retorno venoso de las venas hemorroidales. El metaanálisis de 2025 identificó la obesidad como un factor de riesgo significativo asociado con la enfermedad hemorroidal.
Sedentarismo
Permanecer sentado durante períodos prolongados, especialmente en el inodoro, aumenta la presión sobre las venas hemorroidales. La falta de actividad física también contribuye al estreñimiento y a la obesidad, ambos factores de riesgo.
Edad avanzada
Con el envejecimiento, los tejidos de soporte de las estructuras anales se debilitan, favoreciendo el prolapso y la dilatación venosa.
Otros factores
- Diarrea crónica (los episodios repetidos de evacuación también aumentan la presión).
- Tos crónica.
- Cirrosis hepática con hipertensión portal.
- Levantamiento de objetos pesados frecuente.
Síntomas
Los síntomas más comunes de las hemorroides incluyen:
- Sangrado rectal: Sangre roja brillante en el papel higiénico, en las heces o en la taza del inodoro, generalmente indolora. Es el síntoma más frecuente de las hemorroides internas.
- Dolor o molestia anal: Especialmente en hemorroides externas o internas prolapsadas. El dolor intenso y súbito suele indicar trombosis hemorroidal.
- Picor o irritación en la zona anal: Causado por la humedad, las secreciones y la inflamación.
- Protuberancia o bulto cerca del ano: Puede ser una hemorroide externa hinchada o una hemorroidal interna prolapsada.
- Sensación de evacuación incompleta: Especialmente en hemorroides internas grandes.
Importante: El sangrado rectal puede tener otras causas más graves, como fisuras anales, enfermedad inflamatoria intestinal, pólipos o cáncer colorrectal. Cualquier sangrado rectal debe ser evaluado por un médico para descartar otras patologías.
Diagnóstico
El diagnóstico de hemorroides se basa en:
Historia clínica: Preguntas sobre síntomas, hábitos intestinales, dieta, antecedentes familiares.
Inspección visual: Examen de la zona perianal para detectar hemorroides externas, fisuras, lesiones cutáneas.
Tacto rectal: Palpación digital del canal anal y recto para evaluar tono del esfínter, detectar masas, hemorroides internas prolapsadas.
Anoscopia: Inspección del canal anal con un anoscopio (pequeño tubo) para visualizar hemorroides internas.
Rectosigmoidoscopia o colonoscopia: Recomendadas si hay sangrado rectal, especialmente en mayores de 50 años, para descartar otras causas como pólipos o cáncer colorrectal.
Tratamiento farmacológico y procedimientos
El tratamiento de las hemorroides depende del grado y la severidad:
Tratamiento conservador (hemorroides grado I-II)
- Cambios dietéticos y de estilo de vida: Primera línea de tratamiento (ver sección de estrategias nutricionales).
- Cremas y supositorios tópicos: Anestésicos locales, corticoides, vasoconstrictores. Alivian temporalmente el dolor y la inflamación, pero no resuelven la causa.
- Baños de asiento con agua tibia: 10-15 minutos, 2-3 veces al día, especialmente tras defecar. Alivian el dolor y reducen la inflamación.
- Flavonoides micronizados purificados (MPFF): Flebotónicos que reducen la congestión venosa. Un metaanálisis de 2022 concluyó que los MPFF mejoran significativamente los síntomas principales de las hemorroides en comparación con otros tratamientos farmacológicos.
Procedimientos mínimamente invasivos (hemorroides grado II-III)
- Ligadura con banda elástica: Se coloca una banda alrededor de la base de la hemorroide interna para cortar el suministro de sangre, provocando su necrosis y caída.
- Escleroterapia: Inyección de un agente esclerosante en la hemorroide para encogerla.
- Coagulación infrarroja, láser o radiofrecuencia: Destrucción térmica del tejido hemorroidal.
Cirugía (hemorroides grado III-IV o complicadas)
- Hemorroidectomía: Extirpación quirúrgica de las hemorroides. Es efectiva pero dolorosa en el postoperatorio. Según PubMed, una revisión de 2022 sobre estrategias para reducir el dolor post-hemorroidectomía recomienda el uso de anestesia local, técnicas quirúrgicas cerradas con dispositivos de sellado vascular, y adyuvantes como metronidazol oral y flavonoides para minimizar el dolor postoperatorio.
- Hemorroidopexia con grapas (técnica de Longo): Reposicionamiento de las hemorroides prolapsadas mediante grapas. Menos dolorosa que la hemorroidectomía tradicional.
Estrategias nutricionales para la prevención y manejo
La nutrición es el pilar fundamental tanto para prevenir las hemorroides como para manejar los síntomas y reducir la recurrencia tras tratamiento.
Aumentar la ingesta de fibra
La fibra dietética es la intervención nutricional con mayor evidencia científica para prevenir y tratar las hemorroides. La fibra aumenta el volumen de las heces, las hace más blandas y facilita su tránsito intestinal, reduciendo el esfuerzo al defecar y la presión sobre las venas hemorroidales.
Fibra insoluble: Presente en salvado de trigo, cereales integrales, verduras de hoja verde, semillas, frutos secos. Aumenta el volumen fecal y acelera el tránsito.
Fibra soluble: Presente en avena, cebada, legumbres, manzanas, peras, zanahorias. Absorbe agua, ablanda las heces y facilita su expulsión.
Recomendación: Consumir al menos 25-30 gramos de fibra al día. Fuentes ideales incluyen:
- Verduras (brócoli, espinacas, col, calabacín, zanahorias cocidas).
- Frutas (manzanas, peras, ciruelas, fresas, frambuesas).
- Legumbres (lentejas, garbanzos, alubias).
- Cereales integrales (avena, arroz integral, pan integral, quinoa).
- Frutos secos y semillas (almendras, nueces, semillas de lino, chía).
El papel de los prebióticos
La fibra prebiótica —como los galactooligosacáridos (GOS), los fructooligosacáridos (FOS), la inulina y el psyllium— no solo mejora el tránsito intestinal, sino que también alimenta selectivamente a las bacterias beneficiosas del colon, promoviendo la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que nutren las células del colon, reducen la inflamación y refuerzan la barrera intestinal. Puedes profundizar más en la guía sobre la fibra alimentaria.
Como explicamos en el artículo sobre galactooligosacáridos, los prebióticos GOS favorecen el crecimiento de Bifidobacterias y Lactobacilos, mejoran la consistencia de las heces y reducen la inflamación intestinal.
Una mezcla de fibras prebióticas que incluya betaglucanos de avena, almidón resistente, inulina, fructooligosacáridos y psyllium puede ser una herramienta valiosa para personas con estreñimiento crónico o hemorroides recurrentes, al proporcionar un aporte concentrado y diverso de fibra que ablanda las heces, acelera el tránsito y nutre la microbiota intestinal.
Alimentos fermentados y probióticos
Aunque los probióticos no tienen evidencia directa específica para el tratamiento de hemorroides, sí contribuyen a la salud intestinal global, mejoran la consistencia de las heces y reducen la inflamación intestinal. Como explicamos en nuestra guía sobre fermentados, el kéfir, el yogur natural, el kimchi y el chucrut aportan bacterias beneficiosas que modulan la microbiota, mejoran el tránsito y reducen la inflamación de bajo grado.
Un probiótico que contenga cepas específicas de Lactobacillus y Bifidobacterium puede complementar una dieta rica en fibra, especialmente en personas con disbiosis intestinal o tras tratamiento antibiótico que haya alterado la microbiota.
Hidratación adecuada
Beber suficiente agua es fundamental para que la fibra pueda ejercer su efecto de ablandamiento de las heces. Sin una hidratación adecuada, el aumento de fibra puede empeorar el estreñimiento.
Recomendación: Beber al menos 2 litros de agua al día (8-10 vasos). Aumentar la ingesta en climas cálidos, durante el ejercicio o si se consume mucha fibra.
Alimentos ricos en flavonoides
Los flavonoides —compuestos bioactivos presentes en frutas, verduras, té, cacao— tienen propiedades venotónicas, antiinflamatorias y antioxidantes que fortalecen las paredes venosas y mejoran la circulación.
Fuentes ricas en flavonoides:
- Frutas: arándanos, frambuesas, fresas, cerezas, uvas moradas, manzanas, cítricos.
- Verduras: pimientos, cebollas, espinacas, brócoli.
- Té verde y negro.
- Cacao oscuro (chocolate con >70% cacao).
- Vino tinto (con moderación).
Los suplementos de flavonoides micronizados purificados (MPFF), como la diosmina y la hesperidina, han mostrado eficacia en el tratamiento sintomático de las hemorroides al reducir la congestión venosa, el sangrado y el dolor.
Alimentos y hábitos a evitar
- Alimentos astringentes: Arroz blanco, plátano verde, manzana sin piel, té negro fuerte (pueden empeorar el estreñimiento).
- Alcohol y cafeína en exceso: Pueden deshidratar y alterar el tránsito intestinal.
- Alimentos picantes: En algunas personas pueden irritar la zona anal y empeorar los síntomas.
- Alimentos ultraprocesados y bajos en fibra: Bollería, comida rápida, snacks, que contribuyen al estreñimiento.
Cambios de estilo de vida
Hábitos intestinales saludables
- No aguantar las ganas de defecar: Ir al baño en cuanto se sienta la necesidad. Posponer la defecación endurece las heces.
- No forzar ni permanecer mucho tiempo sentado en el inodoro: Limitar el tiempo en el baño a 5-10 minutos. No leer ni usar el móvil en el inodoro.
- Establecer una rutina: Intentar defecar a la misma hora cada día, idealmente tras el desayuno, cuando el reflejo gastrocólico es más activo.
- Postura adecuada: Elevar los pies con un taburete (posición de cuclillas modificada) facilita la evacuación al relajar el músculo puborrectal.
Actividad física regular
El ejercicio moderado regular (caminar, nadar, yoga, ciclismo) estimula el tránsito intestinal, reduce el estreñimiento y ayuda a mantener un peso saludable. Evitar el sedentarismo prolongado.
Control del peso
Mantener un peso corporal saludable reduce la presión intraabdominal y pélvica, disminuyendo el riesgo de hemorroides.
Evitar levantar objetos pesados
Si es necesario levantar peso, hacerlo con técnica adecuada (flexionando rodillas, manteniendo la espalda recta) y evitando contener la respiración (maniobra de Valsalva), que aumenta la presión abdominal.
Prevención de la recurrencia
Según PubMed, un metaanálisis de 2022 sobre recurrencia de enfermedad hemorroidal encontró tasas de recurrencia entre 0% y 56.5% tras cirugía o tratamiento con flebotónicos, con la mayoría de estudios (19 de 23) reportando tasas de 20% o menos. Los factores de riesgo para recurrencia son similares a los de la enfermedad inicial: estreñimiento, dieta baja en fibra, sedentarismo, obesidad.
Estrategias para reducir la recurrencia:
- Mantener una dieta rica en fibra de por vida.
- Hidratación adecuada y constante.
- Actividad física regular.
- Evitar el esfuerzo excesivo al defecar.
- Mantener peso saludable.
- Uso a largo plazo de flavonoides (MPFF) en casos recurrentes, bajo supervisión médica.
¿Cuándo es necesario consultar a un médico?
Debes buscar atención médica si experimentas:
- Sangrado rectal persistente o abundante.
- Dolor anal severo que no mejora con medidas conservadoras.
- Prolapso hemorroidal que no se reduce.
- Cambios en los hábitos intestinales (diarrea o estreñimiento nuevos y persistentes).
- Sangre oscura en las heces, heces negras alquitranadas, o sangrado acompañado de debilidad, mareos, palidez (puede indicar anemia o sangrado digestivo alto).
- Síntomas que no mejoran tras 1-2 semanas de tratamiento conservador.
- Si tienes más de 50 años y presentas sangrado rectal por primera vez (requiere evaluación para descartar cáncer colorrectal).
Preguntas frecuentes
¿Las hemorroides pueden convertirse en cáncer?
No, las hemorroides no se convierten en cáncer. Sin embargo, algunos síntomas de hemorroides (sangrado rectal, cambios en hábitos intestinales) pueden ser similares a los del cáncer colorrectal, por lo que es importante consultar con un médico para un diagnóstico preciso, especialmente en personas mayores de 50 años o con antecedentes familiares de cáncer colorrectal.
¿Es cierto que el café y el picante causan hemorroides?
No hay evidencia sólida de que el café o el picante causen hemorroides directamente. Sin embargo, en algunas personas estas sustancias pueden irritar el tracto digestivo, alterar el tránsito intestinal o irritar la zona anal si hay hemorroides ya existentes, empeorando los síntomas.
¿Puedo hacer ejercicio si tengo hemorroides?
Sí, el ejercicio moderado es beneficioso y se recomienda para prevenir y manejar las hemorroides, ya que mejora el tránsito intestinal y reduce el estreñimiento. Sin embargo, evita levantar pesas muy pesadas, ejercicios que aumenten mucho la presión abdominal, o ciclismo prolongado si tienes hemorroides externas dolorosas.
¿Las hemorroides desaparecen solas?
Las hemorroides pequeñas (grado I-II) pueden mejorar significativamente o desaparecer con cambios dietéticos, aumento de fibra, hidratación y mejora de los hábitos intestinales. Sin embargo, las hemorroides más avanzadas (grado III-IV) generalmente requieren intervención médica.
¿Cuánto tiempo tarda en curarse una hemorroide?
Con tratamiento conservador (dieta alta en fibra, hidratación, baños de asiento), las hemorroides leves pueden mejorar en 1-2 semanas. Tras procedimientos mínimamente invasivos, la recuperación suele ser de 1-2 semanas. Tras hemorroidectomía quirúrgica, la recuperación completa puede tardar 2-6 semanas.
¿Debo tomar suplementos de fibra?
Si no consigues alcanzar 25-30 gramos de fibra al día solo con la dieta, los suplementos de fibra (psyllium, metilcelulosa, inulina, mezclas de fibras prebióticas) pueden ser útiles. Sin embargo, es preferible obtener la fibra de alimentos naturales, ya que aportan también vitaminas, minerales y otros fitoquímicos beneficiosos.
Conclusión
Las hemorroides son una condición muy frecuente que afecta a aproximadamente una de cada cuatro personas a lo largo de su vida. Aunque pueden ser molestas y dolorosas, son manejables y, en la mayoría de los casos, prevenibles mediante cambios en la dieta y el estilo de vida.
La piedra angular de la prevención y el tratamiento conservador es una dieta rica en fibra —tanto soluble como insoluble—, una hidratación adecuada, el mantenimiento de hábitos intestinales saludables (no forzar, no permanecer mucho tiempo sentado en el inodoro), la actividad física regular y el control del peso corporal. La fibra prebiótica, en forma de alimentos ricos en GOS, inulina, FOS y psyllium, o mediante suplementos específicos, contribuye a mejorar la consistencia de las heces, acelerar el tránsito y nutrir la microbiota intestinal, reduciendo el estreñimiento y, con ello, la presión sobre las venas hemorroidales.
Los flavonoides —tanto en alimentos como en suplementos farmacológicos— han demostrado ser efectivos para reducir los síntomas y la recurrencia de las hemorroides al fortalecer las paredes venosas y mejorar la circulación. Los probióticos, aunque no tienen evidencia específica para hemorroides, contribuyen a la salud intestinal global y pueden ser un complemento útil.
Si experimentas síntomas persistentes o graves, o si el sangrado rectal es nuevo o abundante, consulta con un profesional de la salud para un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado. Las hemorroides no tienen por qué ser una condición permanentemente incapacitante: con las herramientas adecuadas, puedes prevenirlas, manejarlas y recuperar tu bienestar.
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Referencias
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