Tener las transaminasas (ALT y AST) o la GGT altas en una analítica de rutina no equivale, en la mayoría de los casos, a una enfermedad hepática grave: el patrón de elevación —más que el número aislado— es lo que orienta la causa, y hoy la explicación más frecuente es el hígado graso de origen metabólico.
Cada vez es más habitual recibir un informe de laboratorio con la ALT, la AST o la GGT marcadas en rojo, casi siempre en una analítica pedida por otro motivo: un chequeo laboral, un estudio de colesterol o un control antes de una cirugía menor. La persona se siente perfectamente bien, no tiene ictericia ni dolor, y de repente se enfrenta a un resultado que no sabe interpretar.
La buena noticia es que, en la gran mayoría de los adultos sin síntomas, una elevación leve de estas enzimas no implica daño hepático avanzado ni requiere alarma inmediata. La mala noticia es que tampoco conviene ignorarla: las transaminasas y la GGT son, en muchos casos, la primera señal medible de que el hígado está trabajando en condiciones de sobrecarga, y esa sobrecarga —si persiste años— sí puede evolucionar hacia inflamación y fibrosis.
¿Qué son las transaminasas y por qué aparecen alteradas en la analítica?
La ALT (alanina aminotransferasa, también llamada GPT) y la AST (aspartato aminotransferasa, o GOT) son enzimas que viven dentro de las células del hígado. Cuando esas células sufren algún tipo de agresión —inflamación, exceso de grasa, un fármaco, alcohol, un virus—, se vuelven más permeables y liberan parte de su contenido enzimático a la sangre. Por eso, un valor elevado no dice tanto «tienes tal enfermedad» como «hay más recambio o más estrés del habitual en las células hepáticas».
La GGT (gamma-glutamil transferasa) tiene un origen distinto: se localiza sobre todo en las vías biliares y responde de forma muy sensible al alcohol, a ciertos fármacos y al estrés oxidativo, por lo que suele acompañar —y a veces preceder— a la subida de transaminasas. Ninguna de estas tres enzimas, por separado, permite establecer un diagnóstico: para eso hace falta valorar el patrón conjunto, la magnitud de la elevación, su persistencia en el tiempo y el contexto clínico de cada persona, algo que corresponde a un profesional sanitario y no a la interpretación aislada de un número en un informe.
¿No tienes claro qué análisis pedir para empezar? Esta guía reúne la lista completa: qué analítica pedir a tu médico para detectar la inflamación silenciosa.
El hígado graso metabólico rara vez aparece aislado: suele acompañarse de inflamación de bajo grado y de alteraciones del perfil lipídico. Por eso conviene mirar también la PCR ultrasensible y la ApoB como marcador de riesgo cardiovascular.
✔️ Contenido escrito y revisado por el Dr. Fernando Molina Sánchez, médico colegiado, según nuestro método editorial.
